Enciende las luces, que no nos vean

Estos últimos días hemos visto dos de los camuflajes navales más singulares de la Segunda Guerra Mundial, el camuflaje rosa de lord Mountbatten y el camuflaje vegetal del Abraham Crijnssen. Podríamos añadir a la lista de rarezas el camuflaje dazzle, inspirado en el cubismo, del que hablé hace ya un tiempo. Pero sin duda la más insólita de todas las técnicas de camuflaje naval de la época fue una desarrollada por los canadienses y conocida como “camuflaje de iluminación difusa”. Básicamente consistía en iluminar un barco para hacerlo invisible por la noche.

El camuflaje de iluminación difusa nació de una investigación de Edmund Godfrey Burr, un profesor de ingeniería de la Universidad McGill de Montreal. En 1940 Burr trabajaba en el diseño de sistemas de observación nocturna por encargo del NRC, el Consejo Nacional de Investigación canadiense. El objetivo original de los estudios de Burr era encontrar métodos eficaces de camuflaje aéreo. Había comprobado que un observador en tierra podía distinguir fácilmente la silueta de un avión que volase sobre él, recortada como una mancha negra sobre el cielo nocturno (que siempre se vería más brillante, por oscuro que fuese). Una fría noche de diciembre de 1940 encontró la solución teórica a su problema. Cuando observaba la aproximación a tierra de un avión, vio cómo el aparato desaparecía de su vista. En realidad había sido un efecto producido por la nieve que cubría el suelo, cuya luz se reflejaba en la parte inferior del avión y anulaba la diferencia de brillo entre éste y el cielo nocturno. Pensó que si dotaba a la aeronave de un sistema de iluminación que se pudiese regular a la intensidad adecuada, ésta se volvería casi invisible a los ojos de un observador terrestre. Burr informó de su hallazgo al NRC, pero allí no tardaron en darse cuenta de las dificultades técnicas que suponía aplicar el principio de la iluminación difusa a un avión. La energía necesaria para hacer funcionar el equipo era demasiado grande, y los proyectores externos, montados en el fuselaje y las alas, alterarían su aerodinámica. En cambio, sí vieron las posibilidades que la idea podía tener en el campo del camuflaje naval, y en concreto en la defensa contra submarinos. Inmediatamente se pusieron en contacto con la Marina Real Canadiense, que se mostró muy interesada en sus investigaciones.

Trabajando para la Marina, Burr comenzó a desarrollar su idea. El principio teórico era perfectamente conocido por los zoólogos, ya que es una técnica de camuflaje utilizada por una gran cantidad de organismos marinos bioluminiscentes. Por ejemplo, el calamar luciérnaga tiene en su zona ventral cientos de órganos luminosos, y puede regular su brillo y su color para adaptarlos a los de la superficie marina, de forma que su sombra desaparece a la vista de cualquier depredador que pase bajo él.


Basándose en este mismo concepto, el camuflaje de iluminación difusa consistiría en dotar a los barcos de un sistema de proyectores regulables que pudiesen emitir a la intensidad lumínica exacta para mimetizarse con el brillo ambiental. En enero de 1941 se instaló el primer prototipo en la corbeta Cobalt. Se trataba de una serie de proyectores ordinarios (ni siquiera estaban montados en soportes impermeables) sujetos al casco y regulados manualmente. En mayo se probó una versión mejorada en la corbeta Chambly. Entre otras cosas, los proyectores se instalaron sobre soportes retráctiles, para poder retirarlos cuando el sistema no estuviese en uso, y a las lámparas se les añadieron filtros azulados para eliminar los tonos rojizos que emitían a bajas temperaturas. Los resultados fueron lo suficientemente convincentes como para diseñar una tercera versión, ya más sofisticada, que se probó en septiembre de 1941 en la corbeta Kamloops. Por primera vez el equipo contaba con un sistema de control automático. Una célula fotoeléctrica medía el brillo del cielo nocturno y regulaba los proyectores a la intensidad precisa.

Ya en 1943 se instalaron sistemas de iluminación difusa en otras dos corbetas, la Edmundston y la Rimouski. Cada uno de ellos estaba formado por un equipo de control automático por célula fotoeléctrica y unos 60 proyectores de luz repartidos por todo el barco (los del casco estaban montados sobre soportes retráctiles, los de la superestructura sobre soportes fijos). Se hicieron numerosos ensayos con ambos buques, incluyendo pruebas en mar abierto. Incluso llegaron a participar en misiones de escolta a convoyes en el Atlántico. Aunque los resultados experimentales conseguían una reducción de la visibilidad de los barcos hasta en un 70 %, se vio que en condiciones de trabajo normales los equipos daban muchos problemas. Eran muy delicados, y fallaban con frecuencia a causa de averías eléctricas. Además, el sistema de control automático daba una respuesta demasiado lenta a las condiciones de luminosidad cambiantes.

En septiembre de 1943 surgió una oportunidad de probar el sistema de camuflaje de iluminación difusa en una auténtica misión de combate.

El servicio de inteligencia naval canadiense había descubierto que los alemanes preparaban una fuga masiva de oficiales de la Kriegsmarine del Campo de Prisioneros de Guerra Nº 30, situado en Bowmanville, Ontario. Los prisioneros habían coordinado sus planes con Berlín por medio de mensajes en clave enviados a través del correo. La huida del campo se haría excavando un túnel. Después los fugados cruzarían Quebec para llegar a las costas del golfo de San Lorenzo, donde les estaría esperando un submarino que les llevaría de vuelta a Alemania. El plan recibió el nombre en clave de “operación Kiebitz”. El submarino asignado fue el U-536, un u-boot del Tipo IXC al mando del capitán Rolf Schauenburg. El punto de recogida sería el faro de Pointe de Maissonette, en la bahía Chaleur, en la noche del 26 al 27 de septiembre. Pero los canadienses habían estado descifrando las comunicaciones que mantenían los prisioneros con Alemania y conocían todos los detalles del plan. Dejaron que continuasen con los preparativos, y el día de la fuga los prisioneros fueron capturados nada más salir del túnel. El fracaso de la evasión se mantuvo en secreto para no alertar a los alemanes. En la bahía Chaleur se concentró una pequeña fuerza naval con la misión de capturar al sumergible alemán cuando éste acudiese a la cita. El papel estelar iba a ser para la corbeta Rimouski, que aprovecharía su equipo de contrailuminación para acercarse al submarino y tomarlo por sorpresa.

La corbeta Rimouski, el único buque que llegó a utilizar el camuflaje de iluminación difusa para engañar a un submarino enemigo:


El 24 de septiembre el U-536 llegó a la bahía Chaleur. El capitán Schauenburg había observado una cantidad inusual de buques de guerra en la zona y no las tenía todas consigo, pero decidió seguir con el plan y aguardar a la fecha fijada. La noche del 26 el U-536 emergió y comenzó a hacer señales luminosas a la costa. Desde la orilla un oficial de la Marina canadiense respondió a los mensajes con una lámpara de señales, mientras la Rimouski empezaba a aproximarse al sumergible sin ser descubierta. Y entonces hubo algo que alarmó a Schauenburg. El capitán alemán ordenó la inmersión inmediata, convencido de que estaba a punto de caer en una trampa. El porqué es difícil de saber. Puede que los hidrófonos del submarino descubriesen los movimientos de los canadienses, o que se cometiese un error en los mensajes que se enviaron desde la costa que alertó a los alemanes. O que viesen a la Rimouski. Los buques canadienses trataron de evitar su huida atacándolo con cargas de profundidad, pero el U-536 consiguió escapar de la bahía. No regresaría de aquella misión. El 20 de noviembre fue hundido al nordeste de las Azores por una fragata británica y dos corbetas canadienses.

Los sistemas de iluminación difusa no tendrían más ocasiones de demostrar su valía. La derrota de los u-boote en la batalla del Atlántico era cada vez más evidente. La entrada en servicio de aviones de gran autonomía, las mejoras técnicas en el radar o el sonar, y la aplastante superioridad numérica aliada, entre otros factores, hicieron que a finales de 1943 la flota submarina alemana prácticamente dejase de ser una amenaza. La investigación del equipo de Burr fue perdiendo importancia en favor de otras más prioritarias. Se canceló definitivamente al terminar la guerra.

Cuando comenzaron sus investigaciones sobre contrailuminación, los canadienses compartieron sus avances con sus aliados británicos y estadounidenses. Ya en marzo de 1941 la Royal Navy empezó a hacer ensayos con un sistema de iluminación difusa montado en la corbeta Trillium. Los resultados fueron lo bastante prometedores como para continuar con el proyecto. Entre enero y febrero de 1942 se probaron nuevos equipos en el crucero ligero Penelope y el OBV Larg (OBV son las siglas de Ocean Boarding Vessel, un mercante reconvertido en interceptor oceánico). A mediados de 1942 los trabajos se abandonaron casi por completo. El proyecto se cerró oficialmente en abril de 1943. La Marina estadounidense también hizo algunas pruebas con equipos de diseño propio. Al igual que los canadienses (y a diferencia de los británicos, que optaron por el control manual), los estadounidenses desarrollaron sistemas de contrailuminación automáticos. Uno de ellos se probó en el buque de suministros Hamul. Los estudios se abandonaron en 1942, y todos los equipos estadounidenses fueron cedidos a los canadienses, los únicos que continuaban con el proyecto.

El buque británico Larg con sus proyectores de iluminación difusa encendidos a la máxima potencia:


La US Navy mostró mucho más interés en desarrollar un sistema de camuflaje de iluminación difusa para aeronaves, algo que los canadienses habían descartado por sus grandes dificultades técnicas. A partir de 1943, dentro del denominado proyecto Yehudi, los estadounidenses hicieron numerosas pruebas colocando lámparas en el fuselaje y las alas de bombarderos Consolidated PB4Y Liberator y torpederos Grumman TBF Avenger. Los resultados estaban siendo prometedores, y parecía que no tardarían en conseguir un sistema de contrailuminación aéreo eficaz, pero también en este caso el desarrollo del radar hizo que se acabasen abandonando los trabajos. La Marina estadounidense decidió no invertir más recursos en una tecnología que en poco tiempo iba a quedar obsoleta, y en 1945 canceló el proyecto.

6 comentarios:

  1. Pues no dejaría de ser interesante reincorporar esas ideas a nuevos aviones furtivos que hagan incursiones a baja y media cota...

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    1. Puede ser. Los sistemas de regulación y las fuentes de luz difusa serían infinitamente mejores de lo que podía haber en los años 40. Aunque la tecnología también ha avanzado en el campo de la observación. Hoy cualquiera puede tener visores nocturnos, por ejemplo.
      Un saludo, Nomar.

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    2. La iluminación difusa funciona en el espectro visible, por lo que sólo era efectiva cuando los elementos se detectaban "a ojo". Hoy en día existen algoritmos de radar muy sofisticados que no funcionan en el espectro visible de la luz, por lo que utilizar iluminación difusa sería absurdo.

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    3. En realidad el radar nunca funcionó en el espectro visible. Por eso se abandonaron las investigaciones sobre este tipo de camuflaje, por la generalización del uso del radar a partir de los últimos años de la Segunda Guerra Mundial.
      Gracias por la aportación.

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  2. Gracias por esta "trilogía" del camuflaje!!

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