El ataque al puerto de Sydney

En la noche del 29 al 30 de mayo de 1942, una flotilla formada por cinco submarinos oceánicos japoneses del tipo C1 se situó a 30 millas al nordeste de Sydney Heads, la entrada de la bahía de Sydney. A las tres de la madrugada uno de los submarinos lanzó su hidroavión de reconocimiento. Después de sobrevolar el puerto de Sydney el piloto, el brigada Susumu Ito, regresó a su submarino e informó de la presencia de acorazados y cruceros amarrados en el puerto. Cuando el comandante de la flotilla tuvo la confirmación de que había importantes unidades navales enemigas en Sydney decidió atacar el puerto con minisubmarinos la noche siguiente.

En esos momentos se encontraban en Sydney tres cruceros pesados (el Australia, el Canberra y el estadounidense Chicago), un crucero ligero y numerosas unidades menores. Teóricamente los buques fondeados en el interior de la bahía estaban bien protegidos. La entrada al puerto estaba cerrada por redes antisubmarinas, y las aguas circundantes vigiladas por destructores, dragaminas y patrulleras. Sin embargo, aunque las defensas parecían buenas, la relajación generalizada que se vivía en la base hacía que no lo fuesen tanto. La guerra parecía estar muy lejos, y nadie pensaba que pudiesen ser víctimas de un ataque. La red de protección en la entrada del puerto tenía muchos huecos. La ciudad entera vivía de espaldas a la guerra, manteniendo su rutina diaria de tiempos de paz. Por las noches Sydney seguía estando alegremente iluminada. Según el brigada Ito: "Estaba claro que Sydney no estaba en alerta, había un ambiente de despreocupación".

Mapa de la bahía y el puerto de Sydney:


Al atardecer del 31 de mayo tres de los submarinos japoneses (el I-22, el I-24 y el I-27) se aproximaron hasta unas 6 millas al este de Sydney Heads. Hacia las cuatro y media de la tarde lanzaron tres submarinos enanos Tipo A, armados con dos torpedos y con una tripulación de dos hombres cada uno. Mientras los minisubmarinos comenzaban su aproximación al puerto de Sydney, dotados de mapas detallados y con comida para una semana, sus submarinos nodriza se dirigieron a una posición predeterminada, frente a Port Hacking, donde les esperarían hasta el 3 de junio. Teóricamente no era una misión suicida, aunque todos sabían que tenían muy pocas posibilidades de volver con vida. "El último día de mi vida ha llegado", escribió el suboficial Masao Tsuzuku a sus dos hermanas antes de salir. “Fue desgarrador para los que les enviamos. Sabíamos que era por el bien de nuestro país, pero nos hubiera gustado que de alguna manera se las arreglasen para regresar con vida”, contó Ito.

El primer minisubmarino alcanzó la entrada de la bahía hacia las ocho de la noche. Se trataba del Ha-14, tripulado por el teniente Kenshi Chuma y el suboficial Takeshi Ohmori. Quince minutos más tarde fue descubierto por un remolcador cuando se quedó atrapado en una red antitorpedos que estaba desplegada entre George’s Head y Green Point. Se dio la alerta en la base, pero la reacción australiana no fue demasiado rápida. A las nueve menos veinticinco la patrullera Yarroma llegó al lugar donde se encontraba el submarino. Cuando la patrullera se disponía a abrir fuego, los dos tripulantes japoneses, al verlo todo perdido, destruyeron el sumergible con cargas de demolición y se quitaron la vida.

Un segundo submarino fue visto por primera vez en el puerto alrededor de las diez menos cuarto de la noche, dirigiéndose al oeste, en dirección a Harbour Brigde. La base se encontraba ya en estado de alerta. Una hora más tarde emergió por sorpresa a unos 200 metros de Garden Island y a 500 metros de la banda de estribor del crucero pesado Chicago. Fue iluminado por un proyector, e inmediatamente varias ametralladoras y algún cañón ligero del Chicago comenzaron a disparar contra él. El submarino se sumergió rápidamente para escapar del fuego. Pasadas las once de la noche emergió de nuevo cerca del Chicago. Sus tripulantes se las arreglaron para disparar sus dos torpedos contra el crucero estadounidense. Fallaron ambos. Uno de los torpedos encalló en la costa de Garden Island sin llegar a estallar. El otro pasó bajo el submarino holandés K9 y golpeó en el lecho del puerto justo debajo del Kuttabul, un viejo ferry reconvertido en buque de suministros. La explosión causó la muerte de diecinueve marineros australianos y dos británicos. Los supervivientes, entre los que había una decena de heridos, abandonaron el barco que se hundía irremediablemente. El submarino volvió a sumergirse y logró despistar a sus perseguidores. Nadie supo qué fue de él hasta muchas décadas después.

El Kuttabul después del ataque:


El tercer minisubmarino era el Ha-21, pilotado por el teniente Keiyu. Fue avistado por el dragaminas Yandra y atacado con cargas de profundidad en la entrada del puerto a las once menos diez de la noche. Unas cuatro horas más tarde, hacia las tres de la madrugada, fue descubierto en el interior del puerto y nuevamente atacado con cargas de profundidad. Acorralados por los buques australianos en Taylor Bay y con los tubos lanzatorpedos dañados e inservibles, sus dos tripulantes, el teniente Matsuo Keiyu y el suboficial Masao Tsuzuku, hundieron el submarino y se suicidaron.

Los australianos reflotaron los minisubmarinos Ha-14 y Ha-21. Con sus restos reconstruyeron un submarino completo, que fue cargado en un camión y exhibido por todo el país en un viaje de miles de kilómetros con el objetivo de recaudar dinero para los fondos de ayuda a las viudas y huérfanos de la Marina Real Australiana y la marina mercante. En 1943 fue entregado al Australian War Memorial de Canberra, donde permanece desde entonces.

El Ha-21 recuperado del fondo del puerto:


Los cuerpos de los cuatro japoneses fueron recuperados también, y por orden del almirante Muirhead-Gould, a cargo de las defensas de Sydney, fueron incinerados en el crematorio del este de Sydney en un funeral militar con presencia de la prensa. La decisión de rendir honores militares a los cuatro submarinistas enemigos fue muy criticada en Australia, pero el almirante defendió su decisión de honrar la valentía de los cuatro japoneses. Posiblemente también se esperaba que esa demostración pública (y publicitada) de respeto por los muertos podía ayudar a mejorar el trato que recibían los muchos prisioneros de guerra australianos que se encontraban en los campos japoneses.

Los submarinos nodriza japoneses estuvieron esperando hasta el 3 de junio. El I-24 se cree que permaneció unos días más en las costas australianas y fue el responsable de varios ataques a buques mercantes, así como un bombardeo sin consecuencias contra Sydney una semana después.

El ataque japonés a Sydney se puede considerar un éxito relativo (o un relativo fracaso). Aunque dos de los tres minisubmarinos lograron burlar las defensas de la base y uno de ellos llegó a lanzar sus torpedos, el hundimiento del viejo Kuttabul y la muerte de veintiuno de sus tripulantes difícilmente podría compensar la pérdida de los minisubmarinos y sus tripulaciones. Lo que sí consiguieron los japoneses con su ataque fue sembrar el pánico en todas las regiones costeras australianas. El miedo a una invasión hizo que muchos residentes vendiesen sus propiedades y se fuesen a vivir al interior del país.

En noviembre de 2006 unos submarinistas descubrieron los restos del tercer minisubmarino en una playa al norte de Sydney. Nunca se sabrá si sus tripulantes, el alférez Katsushisa Ban y su navegante, el suboficial Mamoru Ashibe, hundieron su nave intencionadamente tras completar su misión o si sufrieron algún fallo mecánico cuando se dirigían a reunirse con su submarino nodriza, el I-24.

Fuentes:
http://en.wikipedia.org/wiki/Attack_on_Sydney_Harbour
http://en.wikipedia.org/wiki/Type_A_Ko-hyoteki_class_submarine
http://www.ww2australia.gov.au/underattack/sydharbour.html
http://www.independent.co.uk/news/world/australasia/revealed-the-day-war-came-to-sydney-732004.html


Terry Spencer: Del Guinness a la People

Terence Spencer nació en Bedford, Inglaterra, el 8 de marzo de 1918. Se dice que vino al mundo durante el raid de un zeppelin (a mí me extraña que a esas alturas de la guerra los alemanes todavía utilizasen zeppelines para atacar las ciudades inglesas, pero, como veréis, la biografía de Spencer no necesita de anécdotas inventadas para hacerla interesante, así que supongamos que es cierto). Siguiendo los pasos de su padre, un adinerado ingeniero y empresario, el joven Spencer estudió ingeniería en la Universidad de Birmingham. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial se alistó en el Ejército. Su primer destino fue el regimiento de caballería Yeomanry Warwickshire, pero poco tiempo después fue trasladado a los Royal Engineers.

En febrero de 1941, debido a las pérdidas de pilotos durante la Batalla de Inglaterra, el Ejército británico permitió que todos los militares que lo deseasen pudiesen solicitar su transferencia a la RAF. Spencer fue uno de los miles de soldados que se presentaron voluntarios. En noviembre de 1942 Terry Spencer completó su periodo de instrucción como piloto de caza. Su primera unidad en la RAF fue el 26º Escuadrón de Gatwick. Allí sirvió durante año y medio, volando en cazas Hurricane y Spitfire. En ese tiempo ascendió hasta el rango de teniente y se convirtió en comandante de escuadrilla.


En mayo de 1944 Terry Spencer fue trasladado al 41º Escuadrón. Entre mayo y junio participó en varias misiones de combate, hasta que, apenas una semana después del desembarco de Normandía, su unidad fue asignada a la lucha contra las bombas volantes V-1. Entre el 23 de junio y el 28 de agosto de 1944 Spencer reclamó el derribo en vuelo de ocho V-1, siete de las cuales le fueron reconocidas en los registros oficiales de la RAF. Para derribarlas utilizaba un arriesgado método consistente en golpear la bomba volante con el extremo del ala de su avión (un Supermarine Spitfire) desequilibrándola y haciéndola caer.


Un día de inicios de septiembre de 1944, Spencer lideraba una sección de cuatro cazas en un vuelo de reconocimiento sobre Bélgica cuando se encontraron con dos FW190 alemanes. En el combate que entablaron, los dos cazas alemanes fueron derribados. Uno de ellos, abatido por Spencer, estaba pilotado por el capitán Emil Lang, el oficial al mando del II/JG26, y uno de los mayores ases de la Luftwaffe, con 173 victorias reconocidas. Lang murió al estrellarse su caza. Su compañero era el teniente Alfred Gross, otro as alemán, con 52 victorias, que fue herido de gravedad y no volvería a volar. Por parte británica, Spencer perdió a uno de sus compañeros.

Ascendido a jefe de escuadrón, en enero de 1945 Spencer fue destinado al mando del 350º Escuadrón, una unidad de la RAF compuesta casi exclusivamente por personal belga. El 26 de febrero fue derribado por fuego antiaéreo sobre en la frontera germano-holandesa y capturado por los alemanes. Estuvo apenas un mes en el campo de prisioneros. Un día, aprovechando el caos provocado por un ataque aéreo, se hizo con una bicicleta y se escapó por la puerta principal, en compañía del teniente “Jimmy” Thiele, otro piloto de la RAF capturado. Más tarde consiguieron una moto y llegaron hasta las líneas aliadas protagonizando una fuga al más puro estilo Steve McQueen.

En abril estaba de nuevo al mando del 350º Escuadrón. El día 19 de ese mes fue derribado por segunda vez, durante un ataque a un destructor alemán en la bahía de Wismar, en el Báltico. Su avión fue alcanzado cuando atacaba al buque con cohetes en vuelo rasante. Spencer salió catapultado y milagrosamente su paracaídas se abrió a tiempo de salvarle la vida. Se calcula que estaba a nueve metros de altura. Por este episodio Terry Spencer figura todavía en el Libro Guinness de los Récords como el superviviente al salto en paracaídas a menor altura de la historia.

Terry sobrevivió al derribo de su avión, pero sufrió varias quemaduras y fue capturado una vez más por los alemanes. Tampoco en esta ocasión estuvo mucho tiempo en cautiverio, El 4 de mayo de 1945, cuando aún estaba reponiéndose de sus heridas, fue liberado por las tropas británicas que avanzaban por el norte de Alemania.

Después de la guerra Spencer fue contratado como piloto de avionetas en Sudáfrica. Más tarde se enteraría de que en aquellos vuelos se había dedicado sin saberlo al contrabando de diamantes, que pasaba a través de las fronteras africanas ocultos en su avión. En 1949 se casó con una actriz llamada Leslie Brook, compró una avioneta Piper Cup y montó junto a su esposa un negocio de fotografía aérea en las afueras de Johannesburgo.

En 1952 comenzó a trabajar para la revista Life como reportero gráfico. Por encargo de Life cubrió buena parte de los conflictos que azotaron el mundo en aquellos años: Kenia, el Congo, Vietnam, Argelia, Oriente Medio, Cuba, Indonesia... En este último país llegó a hacer amistad con el presidente Sukarno haciéndose pasar por un periodista francés (Life estaba prohibida en Indonesia). Tuvo que huir precipitadamente del país cuando se descubrió su engaño.

En 1963 Terry Spencer aparece implicado en una extraña historia, una supuesta operación encubierta de la CIA. Se dice que a finales de 1962 un exiliado cubano en Miami llamado Eddie Bayo logró convencer a un grupo de influyentes anticastristas de que había contactado con dos oficiales del ejército soviético en Cuba que querían desertar. Según decía, los rusos tenían información sobre ojivas nucleares que permanecían en Cuba incumpliendo los acuerdos que siguieron a la crisis de los misiles. En junio de 1963 un pequeño grupo de comandos guiados por el propio Bayo desembarcó en la isla con la misión de recoger a los dos soviéticos. Con ellos viajaban Terry Spencer y otro periodista de Life (al parecer la revista habría financiado en parte la operación a cambio de cubrir la historia). Los reporteros tuvieron que volver solos y sin noticia: Bayo y los hombres que desembarcaron con él no regresaron y nunca se volvió a saber nada de ellos.

Ese mismo año hizo un trabajo que marcó su carrera. La culpable fue Cara, su hija adolescente, que le pidió que hiciese un reportaje sobre una banda de pop que empezaba a sonar mucho llamada The Beatles. Los editores de Life en un principio no se mostraron muy entusiasmados con la idea (en Estados Unidos eran todavía unos desconocidos). Aun así Spencer consiguió el permiso de los componentes del grupo para acompañarles durante cuatro meses como uno más de su equipo. En ese tiempo el fotógrafo fue testigo directo del nacimiento de la beatlemanía. Su reportaje fue publicado por Life en enero de 1964, inmediatamente antes de que la banda iniciase su gira triunfal por Estados Unidos.


El reportaje supuso un giro radical en la carrera de Spencer, que desde entonces se convirtió en fotógrafo de personajes de la música y la cultura popular. Cuando cerró la revista Life, en 1972, estuvo un tiempo trabajando como freelance para publicaciones como The New York Times, Time o Paris Match. En 1974 fue contratado por People, un semanario estadounidense recién creado que en poco tiempo se convertiría en una de las revistas del famoseo más importantes del mundo. Definitivamente Spencer se habia convertido en un fotógrafo de celebridades: grupos de pop, estrellas de cine, artistas de éxito...

Es posible que a un veterano reportero de guerra un trabajo como ese le resultase un tanto aburrido, aunque tratar con estrellas del espectáculo también tiene sus riesgos. Como contó en una ocasión Spencer a un periodista: "Después de sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial, nunca me preocupé por acabar muerto en Vietnam o en cualquier otra guerra. Nunca tuve miedo a la muerte, pero siempre tuve terror a ser herido y llevaba una jeringa hipodérmica de morfina en la bolsa de mi cámara en todo momento. Jamás sufrí ni un rasguño en todas las guerras que cubrí. La única vez que fui herido fue cuando me atacó Paul McCartney después de que descubriese su refugio secreto en Escocia".

Terry Spencer murió el 8 de febrero de 2.009 en Hampshire (Gran Bretaña) a los 90 años.

Fuentes:
http://fernando-espacioamorylocura.blogspot.com.es/2009/03/terrence-terry-spencer.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Terry_Spencer_(RAF_officer)
http://www.thesoutheastecho.co.uk/Pilots/Spencer_T.htm
http://www.spartacus.schoolnet.co.uk/JFKspencerT.htm
http://mcbeatle.de/beatles/books/it_was_thirty_years_ago_today.html
http://www.thesun.co.uk/sol/homepage/features/2225747/I-beat-Hitler-twice-only-McCartney-ever-hurt-me.html
http://www.brianmicklethwait.com/index.php/weblog/wingtipping_a_v1/


Perdido en el desierto

La noticia se conoció hace dos días. Un empleado de una empresa petrolífera polaca se topó por casualidad con los restos de un avión de la Segunda Guerra Mundial en una remota zona del Desierto Occidental Egipcio, a más de doscientos kilómetros de distancia de la población más cercana. El avión, un Kittyhawk (la denominación británica del caza Curtiss P-40), se ha encontrado casi intacto en el mismo lugar en el que se estrelló hace setenta años. La hélice, retorcida, permanece a unos metros del aparato, y se pueden ver algunos agujeros de bala en el fuselaje. Aparte de eso, el avión se ha conservado sorprendentemente bien. La mayor parte de los instrumentos de la cabina están en buen estado, e incluso el avión mantiene aún sus armas con la munición. También se han conservado las placas de identificación del avión, lo que ha permitido a los historiadores rastrear su procedencia y reconstruir su historia.


El caza formaba parte de una unidad de la RAF con base en Egipto. Su último vuelo fue en junio de 1942. Se dirigía de una base aérea egipcia a otra para que le fuesen efectuadas unas reparaciones. El piloto era el sargento de vuelo Dennis Copping, un joven de 24 años de Southend, una pequeña ciudad del este de Inglaterra. Por motivos desconocidos el sargento Copping se salió del rumbo y se perdió en el desierto. Nunca se volvió a saber nada de él. Hasta ahora.

Por lo que se puede ver en el lugar, se deduce que Copping sobrevivió al accidente. Utilizó el paracaídas para hacer un toldo bajo el que refugiarse del sol mientras esperaba el rescate. Desmontó las baterías y la radio del avión para tratar de hacerla funcionar. Los restos del sargento no han aparecido. Al no encontrarse en las proximidades del avión, tenemos que suponer un final terrible para el desdichado piloto. Cuando perdió la esperanza de que acudiese alguien a rescatarle, decidió abandonar su refugio improvisado y comenzó a andar, quién sabe en qué dirección, tratando de encontrar una salvación. Es imposible saber la distancia que llegó a recorrer antes de agotar sus fuerzas.

La Embajada británica en Egipto va a iniciar la búsqueda de los restos del piloto, pero las posibilidades de encontrarlos son remotas. También en Inglaterra ha comenzado la búsqueda de los familiares del sargento Copping, aunque parece que no hay ningún familiar directo con vida. El Kittyhawk probablemente acabará en el Museo de la RAF de Hendon, al norte de Londres.

He conocido esta historia gracias a un enlace que me envió Canichu, el espía del bar. El artículo original, aquí.

Trueno Divino

En el verano de 1944, meses antes de la aparición de las primeras escuadrillas kamikaze, el Arsenal Naval de Yokosuka desarrolló en colaboración con la Universidad de Tokio una nueva arma, la primera que demostraba que la Marina Imperial había aceptado ya como inevitable el empleo masivo de tácticas suicidas. Se trataba de una bomba tripulada, propulsada por cohetes y con una carga explosiva da más de una tonelada. Sería transportada hasta las proximidades del objetivo por un avión nodriza (el elegido fue el bombardero medio Mitsubishi G4M). Una vez lanzada el piloto la dirigiría hasta estrellarla contra el blanco escogido. A finales de septiembre el diseño estaba completado. Se la denominó Yokosuka MXY-7 Ohka (“flor de cerezo”). Un mes después salían de fábrica las primeras unidades.

Un bombardero Mitsubishi G4M2, modificado para transportar y lanzar un Ohka:

ohka
El reclutamiento de sus futuros pilotos comenzó bastante antes. En agosto se creó en la base aérea de Konoike, al nordeste de Tokio, una unidad especial, la Jinrai Butai (“Cuerpo del Trueno Divino”). Sus integrantes eran todos voluntarios, en su mayor parte jóvenes reclutas sin experiencia como pilotos. Como ocurriría en el resto de unidades suicidas, se rechazó a los aspirantes que tuviesen una familia a su cargo, hijos únicos o primogénitos. La mayor parte de las prácticas se hacían con cazas Zero, en un principio para obtener horas de vuelo, ya que la gran mayoría eran pilotos novatos. Más tarde comenzaron a practicar los picados, también en Zeros, ascendiendo a gran altitud y descendiendo a mínimo de gas. Para practicar el planeo se diseñó un Ohka biplaza de entrenamiento, el modelo K-1. Los accidentes eran muy frecuentes, pero la moral era alta.

Mientras tanto, en las Filipinas, había nacido otra “unidad especial”, que aparentemente estaba obteniendo unos resultados espectaculares, la Shimpu Tokkotai (“Cuerpo de Ataque Especial Viento Divino”), más conocida como Kamikaze. En noviembre, el vicealmirante Takijiro Onishi, comandante de la 1ª Flota Aérea y creador de las primeras escuadrillas kamikaze, pidió a Tokio que le enviasen refuerzos para poder mantener sus ataques suicidas. Los pilotos de la Jinrai Butai habían completado su periodo de adiestramiento y estaban deseando entrar en acción, pero dos desastres inesperados se lo impidieron. El 29 de noviembre el gigantesco portaaviones Shinano fue hundido por el submarino estadounidense Archerfish en su primera salida de puerto. El Shinano había zarpado de Yokosuka con destino a Kure tan solo nueve días después de su botadura, con un millar de obreros y técnicos del Arsenal de Yokosuka trabajando todavía en el buque. A bordo llevaba también los cincuenta primeros Ohkas salidos de la cadena de montaje, que iban a ser enviados a las Filipinas. El 17 de diciembre otros treinta Ohkas fueron embarcados en el portaaviones Unryu para ser transportados a Manila. Dos días después el Unryu era también hundido por otro submarino estadounidense, el Redfish. Se tardaron dos meses en reponer los Ohkas perdidos. Para entonces los ataques kamikaze habían cesado en las Filipinas (el 5 de enero de 1945 la 1ª Flota Aérea envió sus últimos aviones en un ataque suicida masivo contra la flota enemiga en el golfo de Lingayen). El almirante Onishi trataba de reorganizar sus escuadrillas kamikaze en Formosa, todavía confiando en que las tácticas suicidas podían dar la vuelta a la desesperada situación militar de Japón. Onishi estaba deseando probar los Ohkas, y quiso utilizar algunos en febrero para atacar a los estadounidenses en Iwo Jima, pero no le dieron la oportunidad de hacerlo.

Los hombres de la Jinrai Butai fueron integrados en el 721º Kokutai (Grupo Aéreo de la Marina con base en tierra) y trasladados a bases aéreas del sur de Japón, en su mayoría a la de Kanoya, en el extremo meridional de Kyushu. Además de los Ohkas y sus tripulaciones, el 721º Kokutai estaba formado por sus bombarderos nodriza Mitsubishi G4M y Zeros de escolta. En Kanoya no había comodidades. Los pilotos fueron alojados en una vieja escuela, sin cristales en las ventanas y con agujeros en el techo. Dormían sobre el suelo de madera.

Los días 19 y 20 de marzo de 1945, como parte de los preparativos para los desembarcos en Okinawa, la aviación estadounidense realizó una serie de ataques contra las bases aéreas del sur de Japón. Los japoneses enviaron sus aviones de reconocimiento tratando de encontrar los portaaviones desde los que habían despegado los atacantes. La mañana del 21 de marzo un avión descubrió tres portaaviones estadounidenses, aparentemente navegando en solitario, sin escolta. El vicealmirante Matome Ugaki, comandante de la 5ª Flota Aérea, vio una oportunidad de poner a prueba los Ohkas. Había dieciseis preparados, todos ellos con sus respectivos aviones nodriza (Mitsubishi G4M “Betty” modificados para el transporte de las bombas-cohete tripuladas). Otros dos "Bettys" les acompañarían, sin Ohkas, para ayudarles en la navegación. Los bombarderos cargados con Ohkas resultaban muy pesados y lentos, y en consecuencia eran muy vulnerables a los ataques de los cazas enemigos. Necesitaban estar protegidos por una fuerte escolta, pero en esa ocasión, a causa de los últimos ataques aliados a los aeródromos y de la urgencia con la que se preparó la misión, los japoneses tan solo pudieron reunir cincuenta y cinco Zeros. Era un número claramente insuficiente para un ataque a una fuerza de portaaviones. Ugaki estuvo a punto de cancelar la misión. Fue la insistencia de las tripulaciones, y especialmente de los pilotos de los Ohkas, la que le decidió a seguir adelante.

Tripulación de un Mitsubishi G4M2 del 721 Kokutai a punto de partir en una misión; se puede ver el Ohka bajo el bombardero:


El capitán Motoharu Okamura era el comandante de la Jinrai Butai. Era un veterano oficial de aviación de la Marina Imperial, antiguo piloto de pruebas e instructor de vuelo, y responsable de la unidad desde su creación. En el último momento Okamura anunció que él mismo dirigiría el ataque. Eso sentó muy mal al capitán de corbeta Goro Nonaka, el teórico comandante de la misión. Mientras los aviones calentaban en la pista, se produjo una desagradable discusión entre los dos hombres. Okamura al fin cedió y dejó que Nonaka tuviese el honor de dirigir el primer ataque del Trueno Divino.

A las 11:35 de la mañana del 21 de marzo despegaron los dieciocho bombarderos. A los lados de la pista se había reunido una multitud que quería rendir un último homenaje a los pilotos que iban a morir. Entre el personal de la base que les despidió en la pista estaba el mismísimo almirante Ugaki, que según se dice les vio partir con lágrimas en los ojos. De los cincuenta y cinco Zeros que se habían reunido apresuradamente para la misión, ocho tuvieron fallos en el despegue y se vieron obligados a quedarse en la base y otros diecisiete tuvieron que regresar más tarde por problemas mecánicos. A pesar de ese comienzo tan desalentador, y de que un nuevo avión de reconocimiento informó a Ugaki de que los portaaviones enemigos estaban acompañados de buques de escolta, se habían separado y se alejaban hacia el sudoeste, la misión continuó. Las posibilidades de que el ataque de los Ohkas tuviese éxito habían disminuído enormemente, pero no tuvieron ocasión de comprobarlo. La formación atacante fue descubierta por los radares de los buques norteamericanos y decenas de cazas despegaron de los portaaviones para salir a su encuentro. Los aviones japoneses fueron sorprendidos por el ataque de veinticuatro cazas Grumman F6F Hellcat. Los Zeros trataron inútilmente de proteger a los pesados bombarderos, que se vieron obligados a desprenderse de sus Ohkas para aligerarse. Fue un combate caótico que duró apenas diez minutos. Catorce de los "Bettys" fueron derribados rápidamente. De los otros cuatro no se volvió a saber nada, después de desaparecer en un banco de nubes perseguidos por los Hellcats. Tan solo quince Zeros, la mayoría dañados, lograron regresar a Kanoya.

Un "Betty" portador de Ohka tratando inútilmente de escapar de un Hellcat:


El 1 de abril de 1945 comenzaron los desembarcos estadounidenses en Okinawa. En las semanas siguientes partirían regularmente desde Kanoya ataques suicidas contra la enorme flota estadounidense que se había concentrado ante la isla. La primera misión fue el primer día de la batalla, el 1 de abril. Entre los aviones que participaron en ella había seis bombarderos con Ohkas del 721º Kokutai. En algunas fuentes se dice que uno de los Ohkas impactó en una de las torres de artillería principales del acorazado West Virginia causándole graves daños, aunque en realidad se trató de un avión kamikaze "convencional" y el acorazado siguió operando con normalidad. Los buques de transporte Alpine, Achernar y Tyrrell también fueron alcanzados por kamikazes, pero es poco probable que alguno de ellos fuese un Ohka. Ninguno de los bombarderos regresó a su base.

El 12 de abril la Jinrai Butai tuvo una nueva oportunidad de demostrar su valía. Ocho Ohkas participaron en el segundo ataque Kikusui (ataque kamikaze masivo) contra las fuerzas estadounidenses en Okinawa. Junto a ellos otros ochenta aviones suicidas y más de cien cazas de escolta se lanzaron contra la flota estadounidense convergiendo desde distintas direcciones. Seis de los ocho bombarderos lograron soltar sus Ohkas antes de ser derribados. Solo uno regresó a su base y pudo informar del resultado de la misión. El piloto del Ohka era el teniente Saburo Dolii, de 22 años, un joven taciturno que se había pasado el vuelo a Okinawa durmiendo sobre unos sacos en la parte trasera del bombardero. Le tuvieron que despertar cuando estaban aproximándose a la flota enemiga. Dolii se despidió uno por uno de todos los miembros de la tripulación y subió tranquilamente al Ohka a través del compartimento de bombas. Después de elegir como blanco un acorazado, el piloto del “Betty” soltó el Ohka y comenzó a girar al tiempo que Dolii encendía los cohetes de propulsión. La tripulación del bombardero informó que mientras se alejaban vieron que el Ohka se dirigía contra el acorazado estadounidense, y a continuación pudieron ver una columna de humo negro saliendo del lugar donde se encontraba el buque.

Como era habitual, el informe de la tripulación del bombardero fue demasiado triunfalista. Es imposible saber si Dolii consiguió estrellarse contra algún buque enemigo (un acorazado seguro que no), pero ese día los Ohkas golpearon con una eficacia que nunca volverían a tener. El destructor Mannert L. Abele fue alcanzado por un Ohka y se hundió tras partirse en dos. Otros dos destructores, el Stanley y el Jeffers, tuvieron que retirarse por los daños sufridos por las bombas tripuladas.

Los japoneses supusieron que el ataque de los Ohkas había tenido éxito, y desde entonces fueron utilizados regularmente. En realidad habían sido frenados por los destructores de la primera barrera defensiva de la flota. Cuando los estadounidenses mejoraron sus tácticas antikamikaze, a los japoneses les resultó muy difícil incluso golpear a aquellos buques de primera línea. El resto de ataques realizados el mes de abril fracasaron uno tras otro: El 14 de abril siete bombarderos del 721º Kokutai atacaron de nuevo a la flota estadounidense en Okinawa. No regresó ninguno, y no hay constancia de que alguno de los Ohkas llegase a ser lanzado. Dos días más tarde, otros seis "Bettys" repitieron el ataque. Dos regresaron, pero de nuevo los Ohkas no alcanzaron ningún blanco. El 28 de abril, les tocó el turno a otros cuatro "Bettys". Solo volvió uno, y una vez más los Ohkas fracasaron en su ataque.

Mayo comenzó con algunos éxitos. El día 4 siete bombarderos del 721º Kokutai atacaron a la flota estadounidense formando parte del quinto ataque Kikusui. Un Ohka golpeó en el puente del dragaminas Shea, causando grandes daños y matando a treinta y cinco hombres. La patrullera Gayety también fue dañada por la explosión cercana de un Ohka. Uno de los bombarderos logró regresar de la misión. Una semana después se lanzó el sexto ataque Kikusui, en el que intervinieron otros cuatro "Bettys" portadores de Ohkas. El destructor Hugh W. Hadley fue alcanzado y sufrió daños muy graves. La tripulación logró heroicamente mantenerlo a flote, pero el buque sería considerado irreparable. El 25 de mayo el ataque de once "Bettys" con Ohkas fue interrumpido por el mal tiempo. La mayoría de los aviones optaron por regresar a su base. Los que no lo hicieron desaparecieron sin que conste que llegasen a lanzar sus Ohkas.

La batalla de Okinawa se estaba perdiendo irremediablemente, y la Marina decidió reservar los Ohkas y sus pilotos supervivientes para enfrentarse a los desembarcos en las islas mayores del achipiélago japonés. La Jinrai Butai fue repartida por varias bases de Honshu y Shikoku. La segunda unidad de Ohkas que se estaba formando en Konoike, llamada Tatsumaki Butai ("Cuerpo del Tornado Divino") fue disuelta, y sus inexpertos pilotos, todavía en fase de adiestramiento, fueron destinados a cubrir las bajas de la Jinrai Butai. Aún habría un último ataque desde Kanoya a la flota enemiga en Okinawa. Fue el 22 de junio, el día después del fin de la resistencia japonesa en la isla. De los seis bombarderos que participaron, dos lograron regresar. Los Ohkas no alcanzaron ningún objetivo.

A Motoharu Okamura no se le permitió liderar ninguna de esas misiones, era demasiado valioso. Era uno de los pocos instructores experimentados que habían sobrevivido para poder formar a los nuevos pilotos. Cuando el Emperador anunció la rendición de Japón, Okamura se disparó un tiro en la cabeza.

Fuentes:
A.J. Barker: Armas suicidas
http://maquetas.mforos.com/353318/10008444-mitsubishi-a6m5b-de-iwao-hayashi-jinrai-butai-hasegawa-1-48/
http://en.wikipedia.org/wiki/Yokosuka_MXY7_Ohka
http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=60&t=13870&p=343693
http://www.animeigo.com/liner/other/father-kamikaze


Foo Fighters

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¡Fuego de San Telmo! Hay que ser ignorante... Es evidente que esas cosas son aparatos de exploración y vigilancia de origen alienígena. Todo el mundo lo sabe. Y más si estás en una película titulada La Tierra contra los platillos volantes (Earth vs. the Flying Saucers, 1956).

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Y es que, aunque el doblaje español lo conviertiese en “lo que los pilotos llaman fuego fatuo” (algo que no tiene ningún sentido, aunque en su defensa hay que decir que foo fighter es difícilmente traducible), y a pesar de la supuesta censura que, según muchos ufólogos y conspiranoicos, existía sobre el tema, estas escenas son un ejemplo que prueba que la historia de los foo fighters tuvo una gran difusión en los años de postguerra.

El mito de los foo fighters tuvo su origen en un comunicado oficial. El 13 de febrero de 1945 una nota de prensa emitida en París por el SHAEF (Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada) informaba de la aparición de una nueva arma enemiga en los cielos de Europa, aunque no se aclaraba mucho sobre en qué consistía ni cómo funcionaba. En realidad lo poco que se sabía era que se trataba de pequeñas esferas luminosas o de aspecto metálico que acompañaban a los aviones aliados en sus vuelos sobre Alemania. La prensa reprodujo la nota con títulos como “La bola flotante es una nueva arma de los nazis” (New York Times):

”Hoy ha aparecido una nueva arma en el frente aéreo occidental. Los hombres de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos han informado que se han encontrado con esferas de color plateado en el espacio aéreo alemán. Iban en solitario o en grupo. A veces eran semitranslúcidas... El nuevo artefacto, que parece ser un arma de defensa aérea, parece una gran bola de las que adornan los árboles de Navidad. No hay información sobre cómo se sostienen como estrellas en el cielo, qué hay en su interior o para qué sirven en realidad”.

Los periódicos estadounidenses y británicos dedicaron numerosos reportajes al misterio de las bolas voladoras, sin llegar a ninguna conclusión. Eran muchas las tripulaciones que aseguraban haberse topado con ellas, e incluso empezaron a llegar testimonios desde el otro extremo del mundo de aviadores que afirmaban que en el frente del Pacífico también se habían encontrado con el extraño fenómeno. También se empezó a decir que los pilotos británicos habían estado informando de avistamientos al menos desde 1941. Después de la guerra se incluyó también a alemanes y japoneses en la lista. En todo caso parece que casualmente (o no tanto) el boom de los avistamientos fue a partir de la proliferación de misiones de caza nocturna, que se multiplicaron gracias a los avances en la tecnología del radar a partir de 1944. Fueron los propios pilotos aliados los que bautizaron el fenómeno como foo fighter. Se suele explicar que foo es una derivación del francés feu, es decir, que la expresión significaría “caza de fuego”, aunque según James Hayward, autor de Mitos y leyendas de la Segunda Guerra Mundial, su origen está en una popular tira cómica protagonizada por un personaje llamado Smokey Stover, un bombero que se llamaba a sí mismo foo fighter y que repetía continuamente la frase Where there's foo, there's fire (“donde hay humo hay fuego”).

Pese a los numerosos testigos, las fuerzas armadas aliadas no presentaron ningún informe oficial sobre los foo fighters. Si hubo algún tipo de investigación, no se hizo pública. De hecho, después de la nota emitida por el SHAEF no volvieron a hablar de la supuesta nueva arma alemana. Oficialmente se atribuían los avistamientos a alucinaciones provocadas por la fatiga o al fuego de San Telmo.

¿Qué eran los foo fighters? Es un misterio. La hipótesis del fuego de San Telmo parece razonable. Es un fenómeno conocido desde la antigüedad por los marinos, ya que se manifestaba típicamente en las puntas de los mástiles de los barcos. Se forma cuando una tormenta genera un campo eléctrico tan fuerte que el aire se ioniza y se producen descargas de partículas fuertemente cargadas en forma de fogonazos, a menudo dobles o triples. El problema de esta teoría es que se supone que el fuego de San Telmo se da excepcionalmente, y no se explica por qué hubo una acumulación de casos en los meses finales de la Segunda Guerra Mundial. La primera pregunta que habría que hacerse sería ¿realmente existió tal acumulación? En realidad nadie sabe cuántos avistamientos hubo. Se nos dice que fueron muchos, pero ¿eso cuánto es? ¿Decenas? ¿Miles? Hay diferencia.

Pero supongamos que el fenómeno foo fighter era en realidad fuego de San Telmo y que es cierto que en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial se produjo una oleada de ellos. ¿Por qué precisamente en esas fechas? Quizá porque fue en esas fechas cuando el tema estuvo de moda. Y es que es más fácil ver algo cuando todo el mundo está hablando de ello. Algún otro tipo de fenómeno meteorológico, una bengala disparada desde tierra, o un reflejo en el plástico de la carlinga, en cualquier otro momento se habría quedado en una luz extraña vista por el piloto a la que ni él mismo le habría dado importancia. En medio de la fiebre de los foo fighters se convertiría en un nuevo caso que añadir a la leyenda.

El poder de la sugestión es impresionante. Hace tiempo conté en La Batalla de Los Ángeles cómo una ciudad entera creyó estar sufriendo un ataque aéreo inexistente. El episodio, como el de los foo fighters, se convirtió en uno de los grandes mitos de la ufología.

El caso Kent-Wolkoff

Anna Wolkoff era una diseñadora de moda y artista londinense de origen ruso, hija del almirante Nikolai Wolkoff, el último agregado naval de la Rusia zarista en Londres. Después del triunfo de la revolución soviética, el almirante y su familia se quedaron a vivir en Inglaterra, y con el tiempo todos ellos acabaron obteniendo la nacionalidad británica. Tanto Anna como su padre eran de ideología ultraderechista y simpatizantes del nazismo alemán. En la década de los treinta Anna visitó Alemania en varias ocasiones, donde, según afirmaría más tarde, conoció a varias personalidades del régimen como Hans Frank y Rudolf Hess. Sus viajes a Alemania y sus actividades políticas despertaron el interés del MI5 (el servicio de contrainteligencia británico), que a partir de 1935 comenzó a vigilarla, por considerarla una posible espía alemana.

Los Wolkoff pertenecían al Right Club, una organización pronazi y antisemita fundada por un miembro del Parlamento por el Partido Conservador llamado Archibald Ramsay, y que incluía entre sus miembros a personajes como William Joyce, A.K. Chesterton y el duque de Wellington. Los miembros del club a menudo celebraban sus reuniones en el Russian Tea Room, en South Kensington, un tradicional punto de encuentro de la comunidad de rusos blancos en Inglaterra. En su autobiografía, The Nameless War, Ramsay explicaba que "el objetivo principal del Right Club era denunciar las actividades de las organizaciones judías, a la luz de las pruebas que llegaron a mi poder en 1938. Nuestro primer objetivo fue la eliminación de la influencia judía en el Partido Conservador, y el carácter de nuestros miembros y las reuniones estaban estrictamente de acuerdo con este objetivo". Cuando Gran Bretaña entró en guerra contra Alemania en septiembre de 1939, el Right Club se disolvió de forma oficial, aunque muchos de sus miembros continuaron clandestinamente con sus actividades, sin importarles que con ellas estuviesen ayudando directamente al enemigo de su país.

Tyler Gatewood Kent nació en Nowchwang, Manchuria, donde su padre estaba destinado como cónsul de los Estados Unidos. Después de estudiar en prestigiosas universidades como Princeton y La Sorbona, y gracias a los contactos de su padre, Kent consiguió un puesto en el Departamento de Estado. Su primer destino fue el de secretario de cifrado en la nueva embajada en Moscú (Estados Unidos y la Unión Soviética acababan de establecer relaciones diplomáticas). En la capital rusa los servicios de contraespionaje estadounidenses comenzaron a sospechar que Kent era un espía a sueldo de los soviéticos, pero no consiguieron ninguna evidencia sólida contra él. En octubre de 1939 decidieron deshacerse del problema trasladándole a la embajada en Londres, de nuevo como secretario de cifrado (un puesto sorprendente para un sospechoso de espionaje).

Al poco tiempo de llegar a su nuevo destino, Kent comenzó a relacionarse con la comunidad de rusos exiliados en Londres y a frecuentar el Russian Tea Room. Allí conoció a Nikolai Wolkoff y su familia. Políticamente Tyler Kent se presentaba como un aislacionista contrario a la política probritánica del gobierno de Roosevelt y simpatizante de los británicos partidarios de un acuerdo de paz con Alemania. A través de Anna Wolkoff, Kent conoció a Archibald Ramsay. En febrero de 1940 se unió al Right Club.

Como encargado de cifrado de las comunicaciones diplomáticas en Londres, Kent tenía acceso a gran cantidad de documentos secretos. Entre ellos había unos que podían haber tenido una gran repercusión en el caso de haber sido hechos públicos: las comunicaciones entre Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt. Churchill acababa de ser nombrado Primer Lord del Almirantazgo y se encontraba en comunicación regular con el Presidente de los Estados Unidos. Los funcionarios británicos que conocían esas comunicaciones declararon tiempo después que si hubiesen salido a la luz en aquel momento habrían dañado gravemente las relaciones anglo-estadounidenses, ya que ponían de manifiesto que Roosevelt estaba buscando maneras de evadir la neutralidad para ayudar a Gran Bretaña a resistir la embestida alemana. También habrían perjudicado las opciones de Roosevelt de salir reelegido (era año electoral en Estados Unidos). Kent comenzó a guardar en su casa muchos de los telegramas confidenciales más interesantes, porque, según diría más tarde, esperaba tener la oportunidad de utilizarlos para ayudar a los aislacionistas estadounidenses.

Un día Kent reveló a Anna Wolkoff y Archibald Ramsay que había estado recopilando información confidencial que probaba las maquinaciones del gobierno estadounidense para entrar en la guerra. Poco después les invitó a su casa y allí les mostró los documentos robados en la embajada. El 13 de abril Wolkoff pidió a a Kent que le prestase algunos de los documentos para fotografiarlos. Cuando tuvo las copias las envió a Berlín a través de un intermediario de la embajada italiana (Italia todavía no había entrado en la guerra y mantenía relaciones diplomáticas con Gran Bretaña, aunque sus simpatías pro-alemanas eran evidentes para todo el mundo). Días más tarde los servicios secretos británicos interceptaron comunicaciones por radio que probaban que la información sobre los contactos entre Churchill y Roosevelt había sido transmitida a Berlín y había llegado al Abwehr.

Lo que no sabía Anna Wolkoff era que el MI5 llevaba ya tiempo detrás de ella. La contrainteligencia británica tenía numerosos agentes infiltrados en el Right Club, hasta el punto de poder incluso influir en las actividades del grupo. En una ocasión Anna pidió a una compañera del club, una secretaria llamada Joan Miller, que hiciese llegar a su contacto de la embajada italiana una carta codificada para William Joyce (conocido burlonamente como “Lord Haw-Haw”, un propagandista pro-nazi que dirigía un programa radiofónico en inglés desde Alemania). La joven que accedió a llevar el documento era en realidad una agente del MI5, con lo que la carta acabó en manos de Maxwell Knight, el jefe de la sección B5, el departamento del MI5 encargado de la lucha contra la subversión. Mientras recopilaban pruebas contra Anna Wolkoff, los investigadores del MI5 se dieron cuenta de que su relación con Tyler Kent era más que sospechosa. Al principio pensaron que podrían dejar al empleado de la embajada estadounidense al margen de las investigaciones y evitar un conflicto diplomático, pero las evidencias contra él eran tan fuertes que tuvieron que incluir su nombre en los informes.

El 18 de mayo el embajador de Estados Unidos, Joseph P. Kennedy Sr. (padre del futuro presidente) fue informado del desarrollo de las investigaciones y aceptó retirar a Kent la inmunidad diplomática. En la madrugada del 20 de mayo Tyler Kent fue arrestado en su domicilio. En el registro de la vivienda los oficiales del MI5 encontraron 1.929 documentos oficiales. Además de los cables entre Churchill y Roosevelt, había un cuaderno que contenía nombres de personas sometidas a vigilancia por la Sección Especial y el MI5. Anna Wolkoff fue detenida el mismo día, acusada de violar la Ley de Secretos Oficiales. El 31 de mayo, tras once días de detención secreta, el Departamento de Estado de los Estados Unidos anunció que Tyler Kent había sido despedido y "detenido por orden del Ministro del Interior”.

El 23 de octubre comenzó el juicio a Wolkoff y Kent, celebrado a puerta cerrada en el tribunal de Old Bailey. Los únicos espectadores permitidos fueron algunos observadores oficiales, representantes de los servicios secretos y de ambos gobiernos. Como era ciudadano estadounidense, y la información que había robado era también estadounidense, Tyler Kent no podía ser acusado de violar la Ley de Secretos Oficiales. En lugar de ello fue acusado de robo, por haberse hecho con documentos propiedad del embajador Kennedy, y de haber permitido que Wolkoff tuviese acceso a ellos, cuando esos documentos "podrían ser directa o indirectamente útiles al enemigo".

El 7 de noviembre de 1940 se dictaron las sentencias. Ambos fueron declarados culpables. Wolkoff fue condenada a 10 años de prisión por "intento de ayudar al enemigo", mientras que Kent tuvo una condena algo menor, 7 años. En Estados Unidos los grupos aislacionistas presentaron el juicio como una farsa con la que el gobierno estadounidense pretendía encubrir sus maniobras para entrar en la guerra. En realidad, como se demostró cuando los documentos robados por Kent se desclasificaron en 1972, en ellos se detallaba toda la ayuda que Roosevelt estaba dispuesto a prestar a los británicos, pero también quedaba claro que el presidente norteamericano no pensaba ir más allá (y arriesgarse a entrar en guerra) sin el apoyo del Congreso y de la opinión pública.

En 1943 el gobierno británico retiró la nacionalidad a Anna Wolkoff. Salió de la cárcel en 1947. Murió poco después en un accidente de tráfico en España, en un coche conducido por Enid Riddell, otro ex-miembro del Right Club.

Al final de la guerra, Tyler Kent fue puesto en libertad y deportado a los Estados Unidos. Nunca renegó públicamente de su ideología. Después de casarse con una rica heredera, se convirtió en editor de un periódico con vínculos con el Ku Klux Klan. A pesar de su anticomunismo enfermizo (para él hasta el presidente Kennedy, el hijo del que fue su jefe en Londres, era un peligroso comunista) nunca se disiparon las sospechas de que en realidad era un agente soviético. En su juicio, Kent había admitido que ya cuando estuvo destinado en Moscú había robado documentos de la embajada, con idea de mostrárselos algún día a los políticos norteamericanos aislacionistas para que pudiesen utilizarlos en contra del gobierno. Afirmó que había quemado los documentos de Moscú cuando iba a ser trasladado a Londres. Más tarde se supo que había tenido una relación amorosa con una intérprete que trabajaba para el NKVD, lo que alimentó las especulaciones sobre sus conexiones con el espionaje soviético. También en Londres Kent tuvo una relación sospechosa. Allí fue amante de Irene Danishewsky, esposa de un comerciante británico que visitaba con frecuencia la URSS. Tanto la mujer como el marido eran vigilados por el MI5 por su posible vinculación con los servicios secretos soviéticos. Al parecer en los años 50 y 60 Kent fue objeto de varias investigaciones del FBI, que terminaron sin resultados. Murió en la indigencia, en un parque de caravanas de Texas, en 1988.

Las sospechas de que Tyler Kent trabajaba en realidad para los soviéticos seguramente no tienen mucha base, pero no son tan absurdas como en principio podría parecer. Cuando estuvo destinado en Londres (entre octubre de 1939 y mayo de 1940) estaba vigente el pacto germano-soviético, por lo que al NKVD puede que no le importase demasiado que un agente suyo estuviese espiando en favor de Alemania. Además, unos objetivos típicos de la inteligencia soviética eran los círculos de exiliados rusos en occidente, así que no es descabellado pensar que la auténtica misión de Kent fuese infiltrarse en ellos, usando como cebo su acceso a información secreta de las relaciones angloestadounidenses. Aunque hay otra opción, mucho más probable, y es que fuese Anna Wolkoff la que utilizase a Tyler Kent, y no al contrario. Después de todo, lo que sí se sabe con seguridad es que la hija del almirante ruso era una espía de los alemanes, y el secretario de cifrado de la embajada estadounidense en Londres era una pieza apetecible para cualquier servicio de inteligencia.

Fuentes:
http://en.wikipedia.org/wiki/Tyler_Kent
http://en.wikipedia.org/wiki/Anna_Wolkoff
http://www.spartacus.schoolnet.co.uk/SSwolkoff.htm
y otras entradas de Wikipedia