Ametralladoras japonesas

La primera ametralladora ligera desarrollada para el ejército japonés fue la Nambu Tipo 11, que entró en servicio en 1922. Estaba basada en la francesa Hotchkiss. Tenía un complicado sistema de alimentación, que consistía en una serie de cargadores tipo peine que se colocaban en un contenedor situado a un lado del arma; cuando un cargador se vaciaba el peine era expulsado automáticamente. La Tipo 11 iba a ser sustituída por la Tipo 96 como ametralladora ligera de infantería, pero su producción continuó hasta 1941, y convivieron ambos modelos durante toda la guerra.

tipo 11
Munición: 6.5x50 mm
Cadencia de tiro: 500 disparos/min
Peso: 10,2 kg
Largo: 1.100 mm (443 mm del cañón)
Velocidad inicial del proyectil: 730 m/s

Soldado del ejército japonés usando una ametralladora Tipo 11:

tipo 11
La Arisaka Tipo 92, pese su calibre de 7,7 mm, era considerada por los japoneses como ametralladora pesada (más que nada porque lo era en comparación con la tipo 96). Empezó a ser utilizada por el ejército a partir de 1932. Se trataba en realidad de la adaptación al calibre 7,7 de la ametralladora Tipo 03, de 6,5 mm y en servicio desde 1914. Los norteamericanos la llamaban woodpecker (pájaro carpintero) por su sonido característico.

tipo 92
Munición: 7,7x58 mm
Cadencia de tiro: 450 disparos/min
Peso: 27,6 kg
Largo: 1 156 mm (721 mm del cañón)
Velocidad inicial del proyectil: 731 m/s

Soldados de la 4ª Division abren fuego a través del río Miluo durante la segunda batalla de Changsha (provincia de Hunan, China, 22 o 23 de septiembre de 1941):

tipo 92
La ametralladora ligera Nambu Tipo 96 se basaba en la tipo 11, en servicio desde 1922, pero no llegó a sustituirla, manteniéndose la producción de ambos modelos hasta el final de la guerra. Entre otros accesorios inútiles se entregaba con una bayoneta y una mira telescópica.

tipo 96
Munición: 6,5x50 mm SR
Cadencia de tiro: 550 disparos/min
Capacidad del cargador: 25 balas
Peso: 9,06 kg
Largo: 1 054 mm (552 mm del cañón)
Velocidad inicial del proyectil: 731 m/s

Tropas de la 2ª División en combate, armados con fusiles Arisaka y una ametralladora ligera Tipo 96 (Xuzhou, China, 1938):

tipo 96
En 1942 apareció la Tipo 99. Era la Tipo 96 modificada para un nuevo cartucho de 7,7 mm.

tipo 99
Munición: 7,7x58 mm
Cadencia de tiro: 850 disparos/min
Capacidad del cargador: 30 balas
Peso: 10,43 kg
Largo: 1 081 mm (545 mm del cañón)
Velocidad inicial del proyectil: 849 m/s

Soldado japonés disparando una ametralladora ligera Tipo 99 (Malasia, 1942):

tipo 99
Fuentes principales:
www.secondeguerre.net
www.en.wikipedia,org
world.guns.ru


Ohka

ohka
El Yokosuma MXY-7 Ohka ("flor de cerezo") fue un cohete tripulado diseñado y construido específicamente para ser usado en ataques kamikaze. Se construyeron en total 850 unidades, de varios modelos distintos. El más utilizado, el modelo 11 (755 unidades), era una bomba volante propulsada por tres motores cohete que se lanzaba desde un avión. El fuselaje era de madera, tenía una longitud de 6,10 metros y una envergadura alar de 5,10 metros. Tenía un alcance de 20 millas y una carga de 1200 kilos de explosivo, para un peso total de 2.140 kilos. El Ohka era lanzado desde un avión nodriza, habitualmente un Mitsubishi G4M "Betty" modificado, aunque también se utilizaron el Yokosuka P1Y Ginga "Frances" y el Nakajima G8N Renzan "Rita". Cuando el bombardero lo soltaba, a unos 75 Km del objetivo, el piloto del Ohka tenía que planear hasta escoger un blanco, en ese momento encendía el motor cohete y se lanzaba en picado sobre él. La mayoría de las veces fallaba, por los problemas que tenía para mantener el rumbo después de la ignición de los cohetes. Los norteamericanos le pusieron de nombre "Baka", que en japonés significa "tonto".

Soldados estadounidenses observan un Ohka capturado:

ohka
Vista de la cabina:

ohka
En el modelo 22 se sustituyeron los motores cohete por un termorreactor, se disminuyó la carga a 600 kilos de explosivo, y el alcance se aumentó a 70 millas. El modelo 43 fue diseñado para ser lanzado desde tierra, utilizando una rampa de lanzamiento, o incluso desde submarinos, por medio de una catapulta.

Ohka 22:

ohka
Hubo también una versión biplaza de entrenamiento, el K-1:

ohka
Un bombardero Mitsubishi G4M2 modelo 24-J, modificado para transportar y lanzar un Ohka:

ohka
Estos bombarderos sirviendo de avión nodriza a los cohetes tripulados eran unos blancos muy fáciles para los cazas enemigos, porque se hacían demasiado pesados y lentos. El 21 de marzo de 1945 tuvo lugar el primer ataque de estos bombarderos modificados. Los 16 aviones que intervinieron en él fueron derribados sin haber llegado al punto de lanzamiento de sus Ohkas.

Esquema de la instalación exterior de un Ohka en un bombardero Mitsubishi G4M2:

ohka
Plano encontrado en Okinawa por los estadounidenses, para la construcción de una rampa de lanzamiento para Ohka; Que se sepa no se llegó a terminar ninguna:

ohka
Esquema descriptivo de un Ohka ("Baka") hecho por los aliados:

ohka
ohka

La Batalla Mágica de Inglaterra

Sigo con temas paranormales, que sé que gustan mucho. Y es que cuando estaba buscando información sobre Helen Duncan me encontré con una historia extrañísima (sí, más aún), la de Dion Fortune y su pintoresca contribución al esfuerzo de guerra británico.


Violeta María Firth nació en 1890 en el norte de Gales, hija de unos devotos seguidores de la Ciencia Cristiana. Aunque, según decía, en su infancia ya había empezado a manifestar poderes de médium y a tener visiones proféticas, no fue hasta que cumplió los veinte años (después de sufrir una crisis nerviosa) cuando se sintió realmente atraída por el ocultismo. Decía ser la reencarnación de una sacerdotisa de la Atlántida. Iniciada en la magia por un ocultista irlandés llamado Theodore Moriarty, ingresó en 1919 en la Alpha et Omega, una fraternidad de magia ceremonial heredera de la Orden Hermética del Alba Dorada (o Golden Dawn), la sociedad ocultista más famosa de todas las que existieron en Gran Bretaña en aquellos años. Cuando fue iniciada Violeta Firth adoptó el nombre de Dion Fortune, derivado de la frase latina Deo, Fortuna no, un lema que se puede traducir por “no por casualidad, sino por Dios”.

La historia de la Golden Dawn y todas las órdenes místicas, mágicas y cabalísticas que derivaron de ella es una continua sucesión de peleas internas y escisiones en una infinidad de grupos más o menos pintorescos. Siguiendo esa tradición, Dion Fortune dejó al poco tiempo Alpha et Omega para ingresar en Stella Matutina, otra escisión de Golden Dawn, y para acabar finalmente abandonando también esta y creando su propia orden, la Fraternidad de la Luz Interior, un grupo de esoterismo cristiano dedicado fundamentalmente a la meditación.

Los seguidores de la Fraternidad de la Luz Interior se consideraban a sí mismos los defensores mágicos de Gran Bretaña, herederos espirituales del Rey Arturo y sus caballeros del Grial. Su sede estaba en el número 3 de Queensborough Terrace, en Londres. También tenían una propiedad en Glastonbury, una pequeña localidad del suroeste de Inglaterra, considerado un lugar mágico porque bajo él se encontraba el centro espiritual de la nación (muchos han identificado Glastonbury con el Avalon de las leyendas artúricas). Así que, siendo los guardianes del espíritu nacional (en el sentido más literal de la expresión), cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial era lógico que pusiesen sus poderes psíquicos al servicio de la causa. Dion Fortune creó un grupo, en el que incluyó también a personas ajenas a su orden, para coordinar una serie de acciones conjuntas de “guerra espiritual”. Durante tres años (desde octubre de 1939 hasta octubre de 1942) Fortune envió una carta semanal a cada uno de sus seguidores en las que detallaba una serie de ritos mágicos y ejercicios de meditación que tenían que realizar todos ellos de forma coordinada, todos los domingos de 12,15 a 12,30 de la mañana.

Antes de enviar las primeras cartas, Fortune dio a los miembros de su grupo una serie de "instrucciones de meditación" sobre cómo prepararse para la inminente batalla mágica:

"Los miembros de la Fraternidad de la Luz Interior han sido cuidadosamente entrenados en la teoría y la práctica de la meditación. Cada domingo de 12,15 a 12,30 ciertos miembros llevarán a cabo un círculo de meditación en el Santuario del 3 de Queensborough Terrace. Otros miembros, dispersos por todo el país, también se sentarán a meditar, al mismo tiempo. Así, se habrá formado un núcleo de mentes entrenadas ... Las cartas se enviarán semanalmente todos los miércoles a fin de asegurar la llegada puntual a tiempo para el domingo siguiente. Ese día, no antes, leerán el contenido de la carta en la preparación para la meditación conjunta a las 12.15 ... Después de haber estudiado la carta, tomen asiento, si es posible en una habitación tranquila y poco iluminada a salvo de las perturbaciones, con la cara en dirección a Londres, sentados en una postura en la que sus pies estarán juntos y las manos entrelazadas, formando así un circuito cerrado con su propio cuerpo...

Luego, siguiendo técnicas de respiración y relajación, todos los miembros del grupo al mismo tiempo entrarían en un estado de meditación profunda y se dedicarían a visualizar las mismas imágenes simbólicas (las que se especificaban en cada carta) para conseguir con la unión de sus fuerzas el objetivo asignado. En un principio esos objetivos eran puramente defensivos. Decían que su intención era reforzar el espíritu colectivo de la nación y protegerla de los ataques mágicos del enemigo, porque estaban convencidos de que los alemanes estaban utilizando contra ellos tácticas similares (pero por supuesto malignas). Con el tiempo fueron ganando confianza y Dion Fortune se atrevió a encomendar a sus soldados psíquicos trabajos más específicos. Por ejemplo, en su 15ª carta (28 de enero de 1940) les mandó a patrullar mentalmente las costas de Gran Bretaña: "Vamos a meditar sobre unas presencias angelicales, vestidas de rojo y armadas, patrullando a lo largo y ancho de nuestra tierra. Visualice un mapa de Gran Bretaña, y la imagen en movimiento de estas grandes presencias como sombras enormes a lo largo de las costas, hacia atrás y hacia delante, de norte a sur y de este a oeste, manteniéndose vigilantes a fin de que nada extraño pueda pasar inadvertido". En otra carta recomendó (solo a los más preparados, porque había que tener “nervios de acero”) utilizar sus poderes de visualización para buscar pasos entre los campos de minas a través del Mar del Norte y las costas noruegas y encontrar el camino para acceder al Báltico.

No sé por qué (¿sería por los resultados visibles de sus meditaciones?) Dion Fortune se sentía cada vez más segura y llegó un momento en el que directamente pasó al ataque. Mandaba contra Alemania a los miembros de su grupo, armados mentalmente con espadas de fuego, y les hacía entrar hasta las sedes del gobierno enemigo, o incluso hasta los dormitorios de los líderes nazis, para lanzar contra ellos sus ataques mágicos.

A veces ocurrían accidentes. En una ocasión un miembro del grupo de meditación reunido en Queensborough Terrace se teletransportó accidentalmente hasta el santuario de Glastonbury, y a pesar de todos sus esfuerzos tuvo que permanecer allí hasta que terminó la meditación. Lo que no sé es si el viaje de vuelta lo hizo también mentalmente o si tuvo que pagar un billete de tren.

Entre los éxitos que se les atribuyen hay algunos realmente destacados, como la evacuación de la FEB (el “milagro de Dunquerke”), donde Dion Fortune creyó ver la ayuda de fuerzas superiores. O como la defensa de Londres durante el blitz, a pesar de que la misma sede de la Fraternidad de la Luz Interior fue dañada en un bombardeo (no hubo heridos, una prueba de la protección angelical de la que disfrutaban). También hay quien cree que fueron ellos los que, utilizando sus artes mágicas, atrajeron hasta Gran Bretaña a Rudolf Hess (otro aficionado a las historias ocultistas).

Dion Fortune murió de leucemia en 1946, poco antes de cumplir 56 años. Algunos dicen que fue el desgaste que sufrió en aquellos combates psíquicos lo que acabó con su salud.

Fuentes:
http://www.forteantimes.com/features/articles/4435/the_magical_battle_of_britain.html
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/desde_el_mas_alla/2010/10/24/la-guerra-de-los-brujos.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Dion_Fortune
Foto: http://www.luzinterior.org/bibliografia8.htm


La V2 y sus variantes

La Vergeltungswaffe Zwei ("Arma de Represalia 2") fue el primer misil balístico de la historia.

Propulsadas por un motor de oxígeno líquido y alcohol, llegaban a alcanzar velocidades supersónicas y superaban los 70.000 m de altitud. Transportaban una cabeza balística de casi una tonelada y tenían un alcance de 320 km. Las V-2 no podían ser interceptadas en vuelo, como ocurría con las V-1. Se disparaban desde lanzaderas móviles, y su vuelo era guiado mediante señales de radiofrecuencia emitidas desde tierra o por giroscopios instalados a bordo. Cuando agotaban su combustible seguían en trayectoria balística hacia su objetivo.

v2
Características:
Diametro: 1.70 metros
Longitud: 14.00 metros
Velocidad: 6000 Km/h
Alcance: 350 km
Peso: 12.800 Kg.
carga explosiva: 730 Kg.
Combustible: Alcohol y oxigeno líquido

Lanzamiento de una V2 en Peenemünde:


Para aumentar su alcance lo primero que se les añadió fueron alas, adaptadas al vuelo supersónico, permitiendo una trayectoria aerodinámica con ondulaciones. Esta idea parte de 1940, antes incluso de la construcción de la primera V2, pero fueron necesarios muchos estudios y pruebas en túneles de viento, al no existir nada parecido hasta entonces. Al proyecto de V2 alado se le llamó A9, pero se mantuvo en suspenso entre octubre de 1942 y junio de 1944 para concentrarse en el desarrollo de las V2 operativas. Una vez terminó éste, se retomaron los estudios del A9, hasta que el 27 de diciembre de 1944 se pudo lanzar el primer misil de prueba en las instalaciones de Peenemunde. El sistema de guiado falló en esta primera prueba y en la siguiente, pero a la tercera, el 24 de enero de 1945, se consiguió el primer lanzamiento con éxito. No hubo más pruebas, y se consideró finalizado el desarrollo del A9, que más tarde pasaría a ser conocido como A4b.

a4b
Características:
Propulsión: Motor cohete EMW de 25300 Kg de empuje
Velocidad máxima: 7290 Km/h
Peso: 16260 Kg con carga
Anchura: 3,5 m con las alas
Longitud: 14,2 m
Carga explosiva: 1 tonelada de amatol
Alcance: 800 Km (4300 Km con la etapa A10)

Lo siguiente fue el desarrollo de los primeros misiles intercontinentales: los A10. Consistían simplemente en añadir una primera etapa a los A4 o A4b. No pasó de los estudios teóricos.

El desarrollo del A10 comenzó a finales de 1944, a partir de la orden dada por el gobierno alemán de centrarse en encontrar la forma de bombardear territorio norteamericano: fue lo que se llamó Projekt Amerika. En un principio se pensó en modificar submarinos de la clase XXI para que pudiesen tranportar y lanzar misiles V2. Pero la guerra submarina en el Atlántico también estaba perdida, y pensando en la dificultad en que los submarinos pudiesen operar cerca de la costa este de Norteamérica, se descartó para centrarse en el A10, del que hubiese salido el primer misil balístico intercontinental.

Usando el A10 como primera etapa, la segunda etapa sería una V2 normal, un A4b, o incluso un avión-cohete de bombardeo: a este proyecto se le llamó A9 (igual que el de mejora del A4, porque en un principio eran el mismo proyecto), por lo que el conjunto de A10 más el avión-cohete era el A9/A10. Se pensó en el avión-cohete tripulado porque no había ningún sistema de guiado útil en distancias tan grandes. En este caso, igual que en el de las V1 pilotadas, en principio no era un arma suicida, aunque el piloto tenía pocas posibilidades de sobrevivir (y en caso de poder lanzarse en paracaidas, evidentemente iba a ser hecho prisionero).

Un avión-cohete A9:

a9
El equipo de Von Braun recibió la orden de centrarse en la producción de las V2, y se les prohibió continuar con el desarrollo de estos proyectos. Von Braun incumplió la orden, y continuó con sus estudios dentro del programa de desarrollo del A4b, pero no se puede decir que el proyecto estuviera cerca de conseguir resultados. Tanto el A9 como el A10 estaban aún en fase de estudios teóricos.

Las distintas variantes todas juntas, para aclararlo un poco:

v2
La idea de utilizar submarinos para atacar el continente americano con las V2 recibió el nombre de Proyecto Lafferenz. Se trataba de que un submarino tipo XXI remolcase un contenedor hasta aproximarse al continente, a un mínimo de 220 Km de la costa. Una vez allí el contenedor se colocaría flotando en posición vertical para disparar el A4.

Esquema de un contenedor con una V2:

contenedor v2
También a partir del A4b de diseñó el A6, un avión supersónico de reconocimiento a gran altitud, imposible de interceptar. Aparte del motor principal tendría un reactor auxiliar que le permitiría mantener la velocidad y la altura durante veinte o treinta minutos después de que el motor principal hubiese agotado el combustible. Tendría cabina presurizada, tren de aterrizaje y paracaidas de frenado. Sería lanzado verticalmente como las V2, y el aterrizaje lo haría de forma convencional.

a6
Otro proyecto derivado del V2: el misil tierra-aire EMW C-2 Wasserfall (cascada). El combustible de las V2 no podía mantenerse cargado durante mucho tiempo, algo que era imprescindible en el caso de un cohete antiaéreo, que tiene que mantenerse preparado para ser lanzado durante un tiempo indefinido. Por eso lo primero que se tuvo que hacer fue sustituir la combinación metanol/oxígeno líquido de las V2 por visol (vinil-isobutil-eter) como combustible y SV-Stoff (mezcla de ácidos nítrico y sulfúrico) como comburente. Era guiado por un operador de tierra por medio de señales de radio. El guiado manual era muy ineficaz para cohetes de velocidades tan elevadas, por lo que se pensaba en crear un sistema de guiado por radar, que no se llegó a construir. Su cabeza de guerra era de 306 Kg de mezcla de explosivos, pensada para que el radio de la explosión fuese lo suficientemente grande como para derribar varios bombarderos con cada una.

wasserfall
Aunque los primeros lanzamientos de prueba comenzaron a pricipios de 1944, se esperaba que el primer sistema de baterías de Wasserfall no estuviese operativo hasta noviembre de 1945.

Se diseñaron en tres versiones: W-1, W-5 y W-10:

wasserfall
Características (Wasserfall W-5):
Velocidad máxima: 2736 Km/h
Peso: 3810 Kg
Anchura: 1,9 m (con las alas)
Longitud: 7,8 m
Carga explosiva: 306 Kg
Altura máxima:18,3 Km
Alcance: 26,4 Km

El A9 se incluye en muchas ocasiones en la lista de las míticas "armas maravillosas" que iban a cambiar el curso de la guerra. Pero, por una parte, el proyecto estaba en sus inicios, e iba a llevar años completar su desarrollo, y por otra, aunque no fuese así, no iba a ser un arma decisiva, sino todo lo contrario. La construcción y el lanzamiento de cada misil intercontinental iba a suponer para Alemania un coste mucho mayor que el daño que ese misil pudiese causar en América (siempre que se utilizasen con carga convencional, se entiende, o con cualquier carga no nuclear). La única forma de que el uso de un arma como esa fuese provechoso habría sido elegir objetivos de gran importancia estratégica y poder alcanzarlos con una precisión absoluta, y eso estaba fuera de las posibilidades de la tecnología de la época, incluso con los previstos misiles pilotados.

Quedaba el efecto psicológico que pudiesen provocar en el pueblo estadounidense. En eso es curioso ver cómo Hitler, que había esperado tanto de los efectos del bombardeo sobre Inglaterra con las V1 en junio de 1944, siguió confiando en sus "armas de represalia" aún después de constatar el fracaso de estas. Los recursos que se destinaron en buscar la forma de golpear a América habrían sido más útiles si se hubiesen dedicado a desarrollar misiles antiaéreos, por ejemplo.

En eso también se impuso, sin quererlo (porque coincidía con la voluntad de Hitler), la visión de Von Braun y su equipo de Peenemunde, para quienes el objetivo final no era la fabricación de armas, sino los vuelos espaciales.

La última bruja


Helen Duncan era una voluminosa escocesa, casada con un hombre de pocas luces, madre de seis hijos y amante del té y los cigarrillos, que trabajaba a tiempo parcial en una fábrica de lejía. Una mujer corriente, de clase humilde, que sin embargo era muy conocida en ciertos círculos de las élites culturales británicas. Y es que Helen Duncan también era la médium más famosa del país en los años 30 y 40. Duncan decía tener el don de poder comunicarse con los muertos. En sus sesiones de espiritismo los asistentes podían ponerse en contacto a través de ella con sus seres queridos recientemente fallecidos. En aquellas sesiones la médium solía segregar una sustancia viscosa, blanquecina, húmeda y maloliente, supuestamente la materialización del espíritu con el que entraba en contacto. Es lo que los espiritistas llaman un ectoplasma. Cuando el espíritu se manifestaba a través de la mujer, esta entraba en trance y comenzaba a expulsar el ectoplasma por cualquiera de sus orificios corporales (eso explicaría lo de “húmeda y maloliente”... pero mejor no entramos en detalles).

No os lo creeréis, pero esta es Helen Duncan en trance con un ectoplasma saliéndole por la boca:


En 1931, en los inicios de su carrera, Duncan fue supuestamente desenmascarada por un grupo de estudiosos de fenómenos paranormales, que tras investigar el caso llegaron a la conclusión de que era una farsante y de que sus ectoplasmas no eran otra cosa que gasas empapadas en clara de huevo. Pero eso no le impidió seguir durante años con sus sesiones y hacerse con un importante número de seguidores, totalmente convencidos de los poderes psíquicos de la médium.

A finales de 1941 Europa llevaba más de dos años en guerra, así que si algo no les faltaba a los espiritistas eran muertos con los que comunicarse. Por aquel entonces Helen Duncan residía en Portsmouth, una ciudad portuaria del sur de Inglaterra. Allí, en una de sus sesiones, la médium se puso en contacto con el espíritu de un marinero embarcado en el acorazado HMS Barham. Hay que decir que la señora Duncan cometió un pequeño error: dijo haber visto a un joven con uniforme de marinero y las palabras HMS BARHAM escritas en su gorra, pero desde 1939 los uniformes de la Royal Navy habían dejado de llevar en las gorras las bandas de identificación con los nombres de sus buques, un detalle que al parecer la señora Duncan y el fantasma desconocían. El espíritu le reveló las circunstancias de su fallecimiento, y así los asistentes se enteraron de que el Barham había sido hundido poco tiempo antes cerca de Malta y que gran parte de su tripulación había muerto en el naufragio. Era cierto. El 25 de noviembre al norte de Sidi Barrani el buque fue alcanzado por tres torpedos lanzados por el submarino alemán U-331. Unos minutos después de los impactos una gran explosión en un pañol de municiones hizo que el acorazado se hundiese rápidamente llevándose al fondo a la mayor parte de su tripulación. De los 1.257 hombres que la formaban tan solo pudieron ser rescatados 395 supervivientes. Cuando Duncan, a través del marinero muerto (o al revés), dio la noticia del hundimiento del Barham, el Almirantazgo británico aún no lo había comunicado oficialmente (de hecho lo mantuvo en secreto hasta finales de enero de 1942, cuando los británicos se vieron obligados a reconocer el hundimiento después de que los alemanes lo hiciesen público).

La explosión del HMS Barham:


Algunos familiares de marineros embarcados en el Barham se enteraron de las revelaciones de la señora Duncan y se dirigieron al Almirantazgo exigiendo más información. Las reclamaciones de las familias llevaron a los servicios de inteligencia de la Marina a investigar el origen de la filtración, y para su sorpresa se encontraron con que este estaba en la señora Duncan. Comenzaron a vigilar a la médium, pero o bien realizaron una investigación muy concienzuda o bien no se lo tomaron demasiado en serio, porque tardaron dos años en actuar.

El 14 de enero de 1944 dos oficiales de la Marina asistieron en Portsmouth a una sesión de espiritismo dirigida por la señora Duncan. Al parecer no quedaron muy convencidos de los poderes de la médium, ya que decidieron presentarse de nuevo el 19 de enero, pero acompañados por la policía. Cuando los policías irrumpieron en la sala interrumpiendo la sesión (con manifestación ectoplásmica incluída) no parece que les asustase ninguna presencia de ultratumba, porque detuvieron a la médium allí mismo.

A las autoridades se les presentó entonces un problema. Helen Duncan fue arrestada inicialmente en virtud de la Ley de Vagancia, un delito menor que tenía que ser juzgado por un tribunal local. También lo eran los posibles cargos por fraude o por conspiración. Pero no era esa la intención del Almirantazgo ni del Ministerio de Justicia. Duncan había revelado información clasificada, fuese cual fuese su fuente (sospecho que el Almirantazgo, más que en un marinero muerto, pensaba en algún mando de la Royal Navy aficionado al espiritismo y a hablar más de la cuenta). En esos meses en el sur de Inglaterra habían comenzado los preparativos para los desembarcos en Normandía, el secreto mejor guardado de la historia, y no podían permitir que ningún otro fantasma se fuese de la lengua. Helen Duncan tenía que recibir un castigo ejemplar.

La solución la encontraron cuando alguien se acordó de una arcaica ley que nadie se había molestado en derogar, la Ley de Brujería de 1735, que en uno de sus artículos recogía el castigo por la actividad fraudulenta del espiritismo. Acusarla de brujería suponía llamar la atención de los medios de comunicación y de la opinión pública, y unas penas lo suficientemente graves como para servir de escarmiento (no me refiero a quemarla en una hoguera, tampoco hay que exagerar). En marzo de 1944 Helen Duncan fue trasladada a Londres para ser juzgada por un jurado popular en el Old Bailey. La defensa hizo comparecer como testigos a decenas de personas respetables y de alto nivel cultural que afirmaban bajo juramento y sin ninguna duda que los poderes paranormales de la acusada eran auténticos. Lo que no consiguió la defensa fue el permiso del juez para que la médium hiciese una demostración pública de sus habilidades. Helen Duncan fue declarada culpable y condenada a nueve meses de cárcel. Después del veredicto, Winston Churchill escribió una carta al ministro del Interior, Herbert Morrison, quejándose de la mala utilización de los recursos de la administración de justicia en aquella "tontería obsoleta". Los partidarios de la médium afirman que Churchill le mostró su apoyo porque él también era un aficionado a las prácticas espiritistas, pero no es eso precisamente lo que se desprende de la lectura de la carta:


Envíeme un informe sobre las razones por las que la Ley de Brujería de 1735 ha sido utilizada en un tribunal de justicia moderno.
Cuál fue el costo de este juicio para el Estado, teniendo en cuenta que los testigos fueron traídos desde Portsmouth y se les ha mantenido aquí, en este Londres abarrotado, durante una quincena, y el juez ha estado ocupándose de toda esta tontería obsoleta, en detrimento de otros trabajos necesarios en los tribunales.


El caso es que Helen Duncan pasó a la historia como la última persona condenada en virtud de la Ley de Brujería (no es del todo cierto, ya que hubo una tal Jane Rebecca Yorke, de Forest Gate, al este de Londres, condenada el 26 de septiembre de 1944 en el Tribunal Penal Central de la capital británica, aunque se libró de la cárcel debido a su avanzada edad). La repercusión que tuvo el juicio contra Duncan contribuyó a la derogación definitiva en 1951 por parte del Parlamento Británico de la Ley de Brujería de 1735.

Helen Duncan cumplió su condena en la prisión de Holloway, al norte de Londres. Cuando fue puesta en libertad se comprometió a dejar de realizar sesiones de espiritismo, aunque parece que no cumplió su promesa. En 1956 la policía volvió a irrumpir en una de sus sesiones. Murió poco después en su casa de Edimburgo. Sus seguidores hablan de asesinato, y es que al parecer interrumpir bruscamente una sesión de espiritismo (lo que hicieron los policías) pone en grave riesgo la salud del médium. Era lo que faltaba para acabar de convertirla en una mártir del espiritismo. Existe desde hace años una campaña de los espiritistas británicos, convencidos de que Helen Duncan sufrió una persecución injusta (habría sido, literalmente, una caza de brujas), para que el gobierno le conceda un indulto a título póstumo.

Fuentes:
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/desde_el_mas_alla/2010/10/24/la-guerra-de-los-brujos.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Helen_Duncan
http://es.wikipedia.org/wiki/HMS_Barham_(04) http://www.guardian.co.uk/books/2001/mar/31/biography.society
Fotos:
http://www.yorkspiritualistcentre.co.uk/photos.html
http://www.guardian.co.uk/childrens-books-site/2011/oct/28/mary-hooper-ectoplasm
http://bshistorian.wordpress.com/category/the-paranormal/page/3/


Los locos de Wingate

Como comenté anteriormente, la propaganda británica convirtió a Wingate y sus Chindits en héroes. Era una historia de personajes pintorescos en un escenario exótico, una forma de hacer la guerra novedosa y arriesgada que supuestamente había logrado una gran victoria y prometía más para el futuro.

El siguiente texto es un ejemplo de ello. Tengo el número de enero de 1944 de la edición en español de Selecciones del Reader's Digest, en el que hay un artículo dedicado a Wingate y los Chindits, que narra su primera incursión en Birmania (Wingate moriría poco después de la publicación de este artículo, en el mes de marzo, cuando se había convertido en uno de los militares británicos más populares). Tiene un estilo algo ingenuo, además de un cierto tono racista, y varias de las situaciones y personajes descritos son poco creíbles. De todas formas me parece un documento interesante. Os recuerdo que fue escrito hace 66 años, en plena guerra, y las exageraciones e inexactitudes que podáis encontrar le dan más valor al texto, ya que, además de contarnos la historia de los Chindits, también nos muestra cómo se adornaba para crear un mito y fabricar unos héroes.


Los locos de Wingate


Audaz incursión de un caudillo en Birmania

Hace algunos meses, ocho columnas inglesas, mandadas por el general de brigada Charles Orde Wingate, de treinta y nueve años de edad, marcharon secretamente de la India a Birmania, atravesando las líneas japonesas, y sembrando por más de tres meses la confusión y el pánico entre los alarmados nipones. Movíanse éstos con frenética agitación de acá para allá, como las abejas de un panal desbaratado, buscando y persiguiendo a los atrevidos irruptores, pero nunca pudieron atraparlos ni alcanzarlos. Las guerrillas de Wingate barrían las avanzadas japonesas, volaban parques, puentes y ferrocarriles y destruían aeródromos y carreteras.

Los Chindits (nombre que Wingate dio a sus soldados, tomándolo del de los dragones que guardan los templos de Birmania) penetraron cerca de 500 kilómetros en el territorio ocupado por los japoneses, y efectuaron una heroica retirada a la India. Las bajas que tuvieron no alcanzaron ni aun al mínimo que los jefes más optimistas habían calculado.

Aquella expedición es sin duda uno de los episodios más novelescos de la guerra actual. He aquí sus resultados: alivió a los chinos de parte de la presión que sobre ellos ejercían las fuerzas japonesas; obtuvo valiosos datos que la RAF aprovechó para varias irrupciones devastadoras; estorbó el avance de los japoneses, y, probablemente, hasta impidió la invasión de la India. Sirvió, sobre todo, de ejemplo de la táctica que debe adoptarse para la reconquista de Birmania y de la preparación que ha de darse a las tropas que tomen parte en ella. Los gurkas, birmanos e ingleses que componían esa expedición demostraron que los japoneses no eran ya amos invencibles ni irresistibles de la selva.

El regimiento inglés de los Chindits de Wingate lo formaban tropas de segunda línea, compuestas, en su mayoría, de hombres casados, de veintiocho a treinta y cinco años de edad, reclutados en el norte de Inglaterra. "Tendrán ustedes que volverse unos Tarzanes", les dijo Wingate a estos soldados, y los tuvo seis meses enteros en las selvas de la India, ejercitándolos, bajo una temperatura abrasadora, en el paso de ríos, en la infiltración de las líneas enemigas, en largas machas con equipo pesado. Así sacó de ellos tropas de asalto bien instruídas, resueltas, capaces de sobrellevar la mayores fatigas. De lo riguroso de tal programa, podrá juzgarse por lo que decía un soldado al volver de la incursión: "Comparada con los meses de instrucción, toda la campaña fue tortas y pan pintado":

A los oficiales los sometió igualmente Wingate a un interminable curso de aplicación, en el cual les tocaba resolver problemas, no en el mapa, sino en el terreno. Andando el tiempo, estos oficiales tuvieron la satisfacción de ver que ninguna de las situaciones tácticas que se les presentaron en Birmania los cogía de sorpresa, pues todas correspondían a alguna de las que se habían ejercitado en resolver prácticamente.

El Mariscal Wavell pasó revista a los Chindits cuando estaban a punto de partir de la India. Les rindió el significativo homenaje de saludarlos antes de que ellos lo saludaran a él. Bien sabía, como lo sabía todo el mundo, que, a cuantos cayesen heridos o enfermos habría que abandonarlos probablemente en poder de los japoneses.

El paso del río Chindwin, de 800 metros de ancho, límite entre las tierras ocupadas por los nipones y las ocupadas por los ingleses, fue el primer tropiezo serio de la expedición. Las tropas enviadas a reconocer las inmediaciones volvieron con la noticia de que no había ni rastro de japoneses en varias leguas a la redonda. El material de campaña pesado se pasó en champanes, botes de caucho y canoas. Jefes, oficiales y soldados se desnudaron y pasaron a nado. El cruce duró toda una noche, todo un día y la mitad de la noche siguiente. Wingate tiró su casco y su ropa al interior de la última canoa, y se arrojó a la impetuosa corriente.

Los Chindits atravesaron densas selvas, treparon a altas cuchillas por cuestas escabrosas, bordearon precipicios, bajaron a valles profundos cubiertos de yerba que los tapaba. Hallaron esqueletos que jalonaban el camino por donde las tropas de las Naciones Unidas se habían retirado el verano anterior.

Wingate evitaba las trochas conocidas. Prefería casi siempre abrirse su propio camino a través de la espesura. A veces hacía veredas falsas para engañar al enemigo; pero su regla general era avanzar con la mayor rapidez posible. Las patrullas japonesas andaban a menudo tan cerca, que sus soldados se daban de manos a boca con las avanzadas de Wingate, en medio del bosque. El tiroteo era caso continuo. Los Chindits dieron muerte a más de 1.000 japoneses. El grueso de las fuerzas japonesas no pudo alcanzarlos nunca.

Con frecuencia los Chindits recorrían 48 kilómetros en un día con la temperatura a 40 grados centígrados. Wingate, siempre alerta, no permitía que se desperdiciara ni un solo instante. Prohibió a los soldados afeitarse, para que no perdiesen diez minutos de sueño. Sostenía que el mejor modo de conservar la salud era estar siempre en marcha. Y quizá tuviera razón, pues muy contados fueron los casos de malaria que hubo.

A la cabeza de cada columna iba una jauría de perros, enseñados a olfatear el rastro de los japoneses. Las ocho columnas se mantenían en comunicación constante entre sí por medio de la radio, palomas y perros mensajeros, y reclamos simulados de pájaros. En elefantes montados por cornacs birmanos, iban los obuses, los antiaéreos, los botes plegadizos y los aparatos de telegrafía sin hilos. Venían luego los caballos y los soldados, después las mulas. Finalmente, en la retaguardia, carros cargados de ametralladoras, fusiles ametralladores y ordinarios, granadas y municiones, tirados por bueyes. Cada columna tenía como 1.600 metros de largo. "Esto se parece al arca de Noé", decía uno de los soldados al ver trepar por una cuesta la larga fila de hombres y bestias. En los bosques, el ruido de la marcha no se oía a 200 metros de distancia, pues la espesura amortiguaba los ruidos.

Los Chindits llevaban zapatos de deporte con suela de caucho, sombrero alón australiano, una tela de mosquitero por cabeza y nuca, y machete al cinto. Cada uno de ellos entró en Birmania con una ración de paracaidista para seis días en la mochila. Los aeroplanos continuaron abasteciéndolos desde el aire. Recibieron durante la jornada un total de 225 toneladas métricas de provisiones.

Con cada columna iba un oficial de la RAF, para escoger los lugares donde se debían dejar caer los víveres y otros abastecimientos. Elegía, por lo común, arrozales, cauces secos de ríos, claros de yerba y malezas pisoteadas por los animales. Por medio de comunicaciones en clave se avisaba a la base aérea de Asam cuándo y a dónde debía enviar los suministros. El humo de grandes fogatas guiaba a los aviadores durante el día; señales luminosas durante la noche. Los enormes aviones descendían hasta 45 metros del suelo a arrojar sus cargamentos de armas, municiones, dinamita y latas de carne, galletas, dátiles, pasas, té, azúcar, sal y tabletas de vitamina C. La única rotura que hubo que lamentar fue la de una botella de ron.

La RAF ponía heroico empeño en suministrar a los expedicionarios cuanto pedían. Hubo quien pidió una biografía de Bernard Shaw; otro, una botella de whiskey irlandés para celebrar el día de San Patricio; un tercero, un monóculo; un cuarto, una dentadura postiza y un faldellín escocés. Dos radiotelegrafistas fueron por avión a reemplazar a dos de sus compañeros que enfermaron. Uno de los oficiales, a quien los japoneses tenían rodeado, hizo que la RAF le enviara un testamento ya redactado para firmarlo. El principal restaurante de Calcuta trabajó toda una noche preparando 180 kilos de chocolate que pidieron los Chindits, y que los aviones les arrojaron al día siguiente en Birmania, después de volar más de 1.100 kilómetros.

Un grupo de Chindits llegó en cierta ocasión al vivac de unas fuerzas japonesas que habían salido por la mañana. Los Chindits no encontraron sino a los cocineros birmanos, que estaban muy atareados preparando la comida. Los hombres de Wingate comieron hasta hartarse, muy obsequiosamente servidos por los guisanderos birmanos, y lo que no comieron, se lo llevaron.

La expedición había penetrado hasta 190 kilómetros de la carretera de Birmania cuando recibió órdenes de regresar. Al llegar en su contramarcha al río Irauaddi, en una noche fría de luna, los japoneses, apostados en la orilla opuesta, empezaron a hacer nutrido fuego de obuses y ametralladoras. Wingate hubiera podido forzar el paso del río y desalojar al enemigo; pero a costa de muchas vidas. De pie en la orilla del río, examinando la situación serena y perspicazmente, con su luenga y tupida barba y una frazada que le caía en los hombros como un manto, hacía pensar en los profetas de antaño. Con la rapidez de la intuición vio al punto lo que más convenía hacer. Ordenó a los Chindits que se dispersaran en grupos de unos 40 hombres y se internaran en los bosques por diversas partes, a fin de desconcertar al enemigo, y y que luego descendiesen a la orilla y fuesen cruzando a hurtadillas por diferentes puntos. A las 48 horas, todos habían cruzado. Enterraron los aparatos de radio, destruyeromn todo el equipo pesado que llevaban y emprendieron la marcha de cerca de 500 kilómetros que debían hacer para regresar a la India.

Sin radio, ya no podían recibir abastecimientos por avión, pues los aviadores no sabían a dónde llevarlos. Los Chindits se comieron primero los bueyes y las mulas, y luego siguieron viviendo de arroz, culebras, buitres, hojas, raíces y sopa de yerba. Perseguidos sin cesar por los japoneses, tenían que desviarse de los pocos manantiales que había, y a veces pasaban varios días sin más agua que uno que otro trago sacado de canutos de bambú. Sabiendo que la seguridad de la expedición dependía de la rapidez de la marcha, Wingate forzaba a su gente a avanzar casi sin tregua.

Después de la aventura, dieron afectuosamente a los Chindits los nombres de "El Circo de Wingate", "Los Locos de Wingate", "La Chusma de Wingate". Los jefes y oficiales eran tipos curiosos, casi todos sujetos recios y atrevidos, avezados al servicio de "comando". Mike Calvert, llamado "El Loco Mike" y "Mike Dinamita", es perito en minas de trampa y en la demolición de edificios viejos; artista en cuyos ojos brilla la inspiración cuando habla de dinamita y pólvora. Aún no ha cumplido treinta años, y casi no hay teatro de la guerra en que no haya servido detrás del frente enemigo.

El mayor Bernard Ferguson, que jamás se quita el monóculo, abandonó su descansada plaza en la plana mayor de un regimiento de escoceses para ir a tirarle de las orejas al Mikado. "Me he pasado la vida soñando con volar puentes", decía jubiloso al ver dispararse por los aires los fragmentos del de la cañada de Bonchaung. Para leer en el monte, Ferguson llevó consigo una de las novelas de Trollope. "Nos fumamos todas las 600 páginas", decía, "pues, aunque teníamos picadura en abundancia, se nos acabó el papel de cigarrillos".

Al teniente Geoffrey Lockett, que había sido comerciante de vinos en Liverpool, lo llamaban "la maravilla desdentada del faldellín". Sin dientes y con la barba hasta la cintura (diz que para asustar a los japoneses), se empecinó en hacer toda la campaña sin quitarse sus enagüillas escocesas.

Uno de los voluntarios de la expedición era el norteamericano James Gibson, teniente de aviación, a quien sus compañeros pusieron el apodo de "Carolina". "Estoy cansado", decía, "de matar japoneses al vuelo. Quiero ver la cara que ponen esos malvados enanos cuando les entran las balas".

En el abigarrado personal de Wingate figuraban un príncipe birmano; un ex historiador de Oxford; el teniente William Edge, muy versado en la preparación de bistecs de búfalo; y el sargento escocés de comandos Robert Blain, que, cuando la situación se ponía muy negra, decía filosóficamente: "Como dice mi abuelita, ëstas son cosas que el cielo nos manda para probarnos".

Cuando Wingate regresó, le dieron en la India el apodo, o título, de "Lawrence de Birmania". Sus fabulosas hazañas de guerrillero ya le habían valido los de Lawrence de Judea" y "Lawrence de Etiopía". En Inglaterra la gente lo llama hoy a secas "El nuevo Lawrence". Y hasta da la casualidad de que Wingate es pariente del famoso "Lawrence de Arabia". Parece que el ejército inglés tiene la virtud de producir uno de estos excéntricos genios militares en cada generación: Clive de la India, Gordon "el Chino", Lawrence de Arabia.

Wingate es general "de Biblia y espada", de fe profunda en la eficacia de la oración, místico de la escuela de los yoguis, y soldado aguerrido que se complace en pelear por pelear. Siempre principia el día con una oración. A menudo emplea como cifra palabras y frases bíblicas. La espada, la Biblia y la adaptabilidad a la vida de los pueblos más extraños parecen ser atributos congénitos de la índole y la mentalidad de Wingate. Su padre sirvió treinta y dos años en el Ejército inglés de la India, y cuando se retiró del servicio fundó una misión entre los patanos. La madre de Wingate era profundamente religiosa y lo educó con puritana rigidez.

Wingate tiene la cara angulosa y descarnada del intelectual, ojos gargos penetrantes, nariz delgada huesuda, boca austera, mentón saliente y pelo rubio que empieza a encanecer. En Birmania llevaba camisa andrajosa de monte, pantalón de pana burda y un casco pasado de moda que parecía un tarro encasquetado en la cabeza. Profesa la teoría de que el ser humano es capaz de almacenar energía como el camello acumula agua de reserva. En campaña, marcha semanas enteras sin dormir más que unas pocas horas por día. Ahora, eso sí, cuando la campaña termina, se pasa días seguidos durmiendo, o abstraído en extática contemplación. Una de sus manías es la conservación de la robustez del cuerpo. No fuma. En las marchas, se le ve a menudo mascando cebollas crudas, pues cree firmemente que tienen grandes virtudes preservativas de la salud. Todas las noches se frota la espalda con un cepillo de caucho.

En un profesional de las armas como Wingate, sorprende ver la variedad de asuntos en que se interesa. Por la mañana se le oye tararear canciones árabes. Tiene pasión por la música, y se pasa horas enteras escuchando sinfonías fonográficas tendido en el suelo. Sus gustos literarios van desde Shakespeare hasta las tiras cómicas de los periódicos dominicales, aunque prefiere la lectura seria.

Conoció a su bella esposa en el Mediterráneo, a bordo de un vapor. Ella tenía quince años; él, treinta. "Vino derecho hacia mí", dice Wingate, "y me dijo sin empacho: Usted es el hombre con quien me voy a casar. Como estábamos de acuerdo no hubo discusión. Aquello fue como la ejecución de un doble y mancomunado plan de campaña".

Wingate habla como una enciclopedia. Entre los jefes y oficiales discurre sobre los ascetas yoguis de la INdia, los hábitos sociales de la hiena, la conducta de una mosca tapada con un dedal, los cuadros de los pintores del siglo XVIII, o el mejor modo de ganar la guerra. En Etiopía sorprendió una vez a un grupo de oficiales con una verdadera conferencia sobre la caza de hienas con pistola en noches de luna.

Wingate no respeta títulos ni categorías militares. Su indiscreción no tiene límites. Sin temor y sin ambajes sermonea a sus superiores cuando cree que han cometido equivocaciones. Quizá sea el único jefe inglés de los tiempos modernos que se haya valido de la antigua prerrogativa de presentar por escrito al rey quejas acerca de jefes de mayor graduación. Sus ideas anárquicas han despertado la ira de muchos militares encopetados, que lo miran de reojo y aun lo creen un poco desequilibrado. "Pues, hombre", le decía él a un amigo, "yo no estoy tan loco como la gente se figura".

En 1938 se le otorgó en Palestina la condecoración de la Orden de Servicios Distinguidos (a la cual ha agregado ya dos galones), por haber mandado los destacamentos que exterminaron las cuadrillas de terroristas árabes a sueldo del Eje. En Etiopía se granjeó la admiración y el apoyo de las tribus con una serie de irrupciones atrevidas en territorios ocupados por fuerzas italianas muy superiores a las suyas.

Es uno de los pocos blancos que en esta guerra han logrado cautivar el ánimo de los naturales de tierras de mentalidad primitiva. Lleva siempre consigo un multígrafo, un altavoz y un grupo de hábiles propagandistas nativos. En todos los pueblos de Birmania y Etiopía se detenía siempre lo suficiente para repartir hojas volantes y perifonear una proclama en lenguaje tan sencillo como pintoresco. "Los hombres misteriosos que han venido a visitaros", decía a los birmanos, "pueden llamar en su auxilio, de regiones remotas, grandes e incomprensibles poderes aéreos, y os libertarán de los feroces y ceñudos japoneses". Los birmanos le dieron reverentemente el título de "Señor Protector de las Pagodas". De buena gana guiaron a los Chindits por trochas secretas, y ni una palabra dijeron a los japoneses acerca de la expedición. Sin esta valiosa ayuda, es probable que el enemigo hubiera descubierto y aniquilado a los irruptores.

La campaña de Etiopía fue desde el principio hasta el fin una "función" típica del "género dramático" Wingate: una sucesión de acometidas temerarias, fanfarronadas, sorpresas y triunfos. Con sólo 800 ascaris etíopes y sudaneses, tomó por asalto varias fortificaciones italianas en una serie de ataques impetuosos. Uniéronsele algunos núcleos de las fuerzas auxiliares de Etiopía, compuestos de negros puros, a los cuales Wingate dio el calificativo de "patriotas". Esta miniatura de ejército causó a los italianos como 40.000 bajas, entre muertos y prisioneros. En mayo de 1941 entró Wingate a Addis Abeba, en un hermoso caballo blanco, al lado de Haile Selassie.

Las hazañas de Wingate en Etiopía causaron tan buena impresión en el mariscal Wavell, que éste lo llamó a la India en el otoño de 1942, lo ascendió a general de brigada, y le dio plena autoridad para que organizara un cuerpo de asalto destinado a formar la vanguardia del ejército inglés en la reconquista de Birmania.

"Los japoneses", dice Wingate, "no son superhombres, ni mucho menos. Sus planes y operaciones militares no manifiestan ser fruto de inteligencias superiores. La guerra en la selva exige grande ingeniosidad y gran resistencia. El japonés tiene la resistencia suficiente, pero le falta ingeniosidad. Cuando se encuentra en presencia de un problema nuevo, rara vez sabe qué hacer. Nosotros hemos demostrado que podemos vencerlo en su propio terreno".

Selecciones del Reader's Digest. Enero 1944


La primera afirmación falsa que se encuentra en el texto es cuando se dice que el número de bajas de los Chindits fue inferior a las previsiones más optimistas. Teniendo en cuenta que un tercio de los Chindits no regresó de la misión, y que menos de la quinta parte regresaron en condiciones de volver a combatir, no me imagino cómo serían esas previsiones optimistas, y no digamos las pesimistas.

No me consta que los Chindits utilizasen alguna vez elefantes. Me imagino que es una licencia del autor para darle un poco más de exotismo a la historia. Los Chindits comenzaron la misión con unas 500 mulas como animales de carga. Además, esos obuses y antiaéreos que transportaban los elefantes tampoco existieron. Las armas más pesadas que llevaba cada una de las columnas eran morteros de 3'' y ametralladoras Bren.

Las exageraciones más llamativas del artículo, para mí, están cuando se habla del aprovisionamiento por aire. Me resulta muy difícil de creer que la RAF (el aprovisionamiento también corría a cargo de la aviación estadounidense, algo que no se menciona en el artículo) estuviera dispuesta a satisfacer el más mínimo capricho de los Chindits, desde un libro en concreto hasta una falda escocesa, o que les transportasen postres cocinados a la carta en los restaurantes de Calcuta. Y qué decir de la afirmación de que la única pérdida que hubo que lamentar en toda esa operación de abastecimiento fue la rotura de una botella de ron...

En la descripción de Wingate probablemente el autor no tuvo que exagerar mucho, porque era un hombre realmente pintoresco. Tenía unas ideas muy curiosas sobre la salud y los hábitos higiénicos. Era enemigo acérrimo del baño, y es cierto que prohibió a sus hombre que se afeitasen. Tenía un carácter difícil, y era insubordinado por naturaleza, lo que en el artículo sirve para resaltar su espíritu libre y aventurero, pero que provocó graves problemas de coordinación con otras unidades del ejército británico y con sus mandos en la India.

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Los Chindits en Birmania

En febrero de 1942 el mariscal Wavell llamo al excéntrico coronel Orde Wingate a Birmania con la misión de organizar una guerra de guerrillas para oponerse a la invasión japonesa. Wingate era un experto en el mando de fuerzas irregulares, había destacado en la invasión de Etiopía al mando de la Fuerza Gideon, y antes de eso en la organización de guerrillas judías en Palestina. Llegó a Birmania en marzo, y aunque no tuvo tiempo de poner en práctica sus planes, y se vio obligado a retirarse a la India con el resto del ejército británico, le sirvió para conocer el país y diseñar el tipo de operaciones que pondría en práctica al año siguente. En la India propuso a Wavell la creación de una unidad especialmente entrenada para la guerra en la jungla que llevase a cabo incursiones de largo alcance como forma de mantener la presión sobre las fuerzas japonesas en Birmania. Su teoría era que una unidad podía permanecer por tiempo indefinido tras las líneas enemigas, en la jungla, siendo abastecida por aire, mientras atacaba sin descanso las comunicaciones y las bases de aprovisionamiento del enemigo.

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Ascendido a general de brigada, se dedicó a la tarea de formar y entrenar una brigada, a la que llamó de Grupo de Penetración a Larga Distancia (Long Range Penetration), y que pronto rebautizó con el sobrenombre de Chindits (una incorrecta pronunciación del nombre que se les da a los leones de piedra que custodian los templos birmanos). La brigada se formó a partir de la 77 Brigada de Infantería India, con el añadido de hombres de muchas otras unidades. La mayor parte de los Chindits eran Gurkas e ingleses, y había también australianos, neozelandeses, nigerianos, africanos orientales, voluntarios de Hong Kong y guías birmanos. La edad media era de 33 años. Las tropas elegidas llegaron a los Chindits sin ningún entrenamiento especial, y gran parte de los hombres no lograron completar el periodo de instrucción y fueron devueltos a sus unidades. Además, durante la larga fase de adiestramiento en la jungla del centro de la India, muchos de los hombres cayeron enfermos. Finalmente Wingate completó una brigada de 3.200 hombres entrenados y equipados para su primera misión.

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El 17 de febrero de 1943 comenzó la Operación Longcloth. La brigada cruzó el río Chindwin, la frontera que separaba las líneas británicas y japonesas, y se dividió en ocho columnas de 400 hombres cada una. Se internaron en la jungla birmana hasta la región del río Irawaddy, y atacando la retaguardia japonesa, lograron entorpecer sus comunicaciones, volando puentes, destruyendo depósitos de suministros, y obligando a los japoneses a salir en su persecución. Su objetivo principal, el ferrocarril Mandalay-Myitkyina, lo alcanzaron a comienzos de marzo, y fue atacado continuamente en las semanas siguientes. Su táctica consistía en continuos ataques por sorpresa, y retiradas inmediatas a la jungla, donde los japoneses no pudieran seguirles. Se trataba de estar continuamente en movimiento. Estaban obligados a abandonar a sus heridos, a los que dejaban con un arma y unas dosis de morfina.

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El abastecimiento de las columnas se hacía por aire. Sin embargo, cuanto más se internaban en la selva más dificultoso se hacía su abastecimiento, y finalmente Wingate tuvo que dividir a los Chindits en pequeños grupos y ordenar su regreso por separado a la India. El camino de regreso, cientos de kilómetros a pie a través de la jungla, en grupos de unas pocas decenas de hombres, con el abastecimiento interrumpido y el acoso constante de los japoneses, fue una auténtica pesadilla. Tras tres meses de misión, de los 3.200 Chindits que se internaron en Birmania, lograron regresar a la India 2.182, y de ellos la mayoría estaban tan enfermos y debilitados que apenas 600 estaban en condiciones de volver a combatir.

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La operación Longcloth no se podía considerar un éxito, en vista de la cantidad de bajas que sufrieron. Sin embargo la propaganda británica convirtió a Wingate y sus Chindits en héroes: habían demostrado que se podía vencer a los japoneses en la jungla. El mismísimo Winston Churchill quedó fascinado por la personalidad de Wingate y se convirtió en uno de los mayores defensores de sus innovadoras tácticas. Llegó incluso a llevarle como invitado a la conferencia de Quebec.

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A pesar de que su popularidad entre la población inglesa no se correspondía con la mala opinión que tenían de él la mayor parte de los altos jefes militares británicos, Wingate consiguió el apoyo de Lord Mountbatten (que había sido nombrado comandante en jefe de las fuerzas aliadas en el Sudeste Asiático) para formar seis nuevas brigadas de Chindits, con un total de 20.000 hombres, y realizar una nueva incursión en 1944 mucho más ambiciosa que la anterior. El general norteamericano Joseph Stilwell convenció a Wingate, promentiéndole el apoyo aéreo que la RAF no podía brindarle, para coordinar sus fuerzas con las que él estaba juntando (tropas chinas y una unidad de voluntarios estadounidenses que seguía el modelo de los Chindits conocida como Merodeadores de Merrill) para una campaña en el centro y norte de Birmania.

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En febrero de 1944 comenzó la operación Thursday. En esta ocasión los Chindits fueron transportados por aire hasta la jungla birmana: los primeros lanzados en planeadores tras las líneas japonesas, y, tras preparar pistas de aterrizaje, el resto fueron transportados en aviones C-47. El objetivo de la operación ya no era hostigar al enemigo, sino conquistar territorio, con el fin último de reabrir la ruta de Birmania hacia China. por tanto, esta ocasión no se trataría de desplazarse continuamente por la jungla para hostigar a los japoneses, sino hacerse fuertes en una amplia zona que sirviera de base desde la que realizar los ataques. El objetivo principal, enlazar con las fuerzas chinas de Stilwell que avanzaban desde el norte, no se consiguió. De nuevo tuvieron que retirarse con un alto número de bajas, esta vez agravado porque Stilwell los utilizó como infantería convencional. Cuando la 77 Brigada tomo la ciudad de Mogaung tuvieron casi un 50% de bajas. Cuando Stilwell ordenó a continuación a su comandante, el mayor Calvert, que avanzase hacia Myitkina, éste apagó las radios y se retiró a Kamaing, arriesgándose a un consejo de guerra. Lord Mountbatten se puso de parte de los Chindits, y ordenó su evacuación y les envió ayuda médica. Más de la mitad de los hombres necesitaron ser hospitalizados. Las bajas en combate fueron de 1.396 muertos y 2.434 heridos.

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Wingate murió el 24 de marzo de 1944, en un accidente de aviación en Assam, cuando regresaba a Birmania desde la India tras asistir a una reunión con el alto mando. El general de brigada Lentaigne fue nombrado su sustituto. Sin embargo, los Chindits no sobrevivirían por mucho tiempo a su creador: poco después el general Slim decidió disolver la unidad y repartir a los hombres por otras unidades bajo su mando.

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Fuentes:
http://www.edsombra.com/edsombra/comandos/index.asp?apa=99&numrev=43&seccion=4&pagina=4
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-BRT/chindits.html
http://www.taringa.net/posts/imagenes/837046/Los-Chindits-(Comandos-II-GM).html
Fotografías: http://www.chindits.info/Photos/Index.html


Misión Yak

Peter Fleming era un aventurero británico que se hizo popular en la década de los 30 con sus libros de viajes. En 1932 participó en una expedición de rescate del coronel Percy Fawcett, desaparecido unos años antes en el Matto Grosso, en Brasil. Del coronel Fawcett no encontraron ni rastro, pero el libro que escribió Fleming, Brazilian Adventure, fue todo un éxito. Eso le valió para que The Times le enviase a Manchuria, en aquella época uno de los “puntos calientes” del planeta, para que relatase la situación en aquel territorio. De allí salió un nuevo libro titulado One's Company. En 1936 publicó su tercer libro, News from Tartaria, en el que relataba un viaje que hizo desde Pekín a Cachemira.

Peter Fleming en uno de sus viajes por Asia:


Al estallar la Segunda Guerra Mundial Fleming se alistó en el MI(R) -Military Intelligence (Research)-, la unidad precursora del SOE -Special Operations Executive-, encargada de las operaciones de sabotaje y apoyo a los grupos de resistencia en territorio ocupado por el enemigo. Recurriendo descaradamente a sus contactos (su padre, muerto en la Primera Guerra Mundial, había sido amigo íntimo de Winston Churchill), Fleming logró que le asignasen su primera misión durante la campaña de Noruega, un reconocimiento aéreo sobre el puerto de Namsos con un hidroavión Sunderland. La misión de Fleming no sirvió para mucho más que para unirse a las fuerzas británicas que desembarcaron en el norte de Noruega y retirarse con ellas al finalizar la desastrosa campaña. En el verano de 1940, cuando una invasión alemana de las Islas Británicas parecía más que probable, Fleming recibió el encargo de organizar en el sur de Inglaterra grupos de resistencia en la retaguardia. Pero la amenaza de invasión prácticamente desapareció tras la derrota de la Luftwaffe en la Batalla de Inglaterra, y Peter Fleming no estaba dispuesto a quedarse en la retaguardia enseñando a civiles cómo fabricar petardos caseros. Era un hombre de acción, y en aquellos meses la acción estaba en el norte de África.

En las contraofensivas del otoño y el invierno de 1940, que habían expulsado a los italianos de Egipto y de la Cirenaica, los británicos habían capturado a miles de prisioneros de guerra. El gobierno británico tuvo la idea de formar una “Legión Garibaldi” con voluntarios italianos antifascistas reclutados en los campos de prisioneros. Fleming recurrió de nuevo a sus contactos para que le asignasen la misión. Cuando le concedieron el permiso hizo llamar a algunos amigos suyos con los que formó una especie de miniejército particular compuesto por media docena de oficiales, todos ellos auténticos caballeros británicos, con sus respectivos ordenanzas. Entre los miembros del equipo se encontraban Norman Johnstone, un colega de Fleming (al igual que él era oficial en la reserva de los Granaderos de la Guardia) y Mark Norman, un subalterno del cuerpo de voluntarios de caballería de Hertfordshire que «no tenía ni idea de qué iba el asunto». El grupo se trasladó al centro de adiestramiento de comandos de Lochailort, en Escocia, donde recibieron un curso intensivo de explosivos y combate cercano. Su nombre en clave, “misión Yak”, estaba inspirado en el libro de Fleming News from Tartary. Equipados con una tonelada de explosivos plásticos, cuarenta mil libras esterlinas y diccionarios de bolsillo inglés/italiano (solo uno de ellos hablaba esa lengua), se dirigieron a El Cairo gozando de una “prioridad absoluta”. Los hombres de Fleming se recorrieron los campos de prisioneros de Egipto sin conseguir ni un solo voluntario para su legíón.

A pesar de su fracaso, Fleming no estaba dispuesto a disolver tan pronto su unidad. Una vez más buscó una misión que le permitiese estar en el centro de los acontecimientos. Todo parecía indicar que en los meses siguientes el frente principal de la guerra iba a estar en los Balcanes. Gran Bretaña había comenzado a desplegar tropas en Grecia. Los griegos habían rechazado el intento de invasión italiano y su contraataque les había llevado hasta Albania, pero se cernía sobre ellos la amenaza cada vez mayor de una intervención alemana desde Bulgaria y quizá desde Yugoslavia, que hacía lo que podía para resistir las presiones de Hitler para unirse al Eje. A finales de marzo Peter Fleming convenció a George Pollock, el director del SOE en El Cairo, para que les permitiese ir a Yugoslavia “a apuntalar la determinación del príncipe Pablo”. Pero la situación en los Balcanes era tan cambiante que antes de partir tuvieron que modificar sus planes. Cuando finalmente Yugoslavia se adhirió al Pacto Tripartito, decidieron que la misión Yak se dirigiría al norte de Grecia para formar grupos de resistencia en la región. Los hombres de Fleming consiguieron plaza en un barco que partía de Alejandría con destino a Atenas. Tras desembarcar en la capital griega se dirigieron al norte con vehículos que habían conseguido gracias a sus campañas públicas de recaudación de fondos y “armados hasta las cejas con fusiles y subfusiles Tommy”. A finales de la primera semana de abril llegaron a las montañas de la frontera con Yugoslavia. Allí, después de que sus ordenanzas montasen el campamento y levantasen las tiendas “como si estuviéramos en un safari”, Fleming envió un mensaje a la central del SOE en Londres: “Domino el desfiladero de Monastir”. Probablemente no se hubiese mostrado tan triunfalista de haber sabido que en esos momentos el XL Panzerkorps alemán estaba avanzando a través de la región yugoslava de Macedonia, al otro lado de la frontera. El plan alemán era girar al sur para cruzar la frontera con Grecia y flanquear la línea Metaxas, una poderosa linea defensiva construida para frenar una posible invasión desde Bulgaria.

El inesperado colapso de Yugoslavia, tan solo unos días después, dejó a los hombres de la misión Yak justo en medio de una de las principales rutas de invasión alemanas. Para defender el paso de Monastir el general Jumbo Wilson, comandante de las fuerzas de la Commonwealth en Grecia, envió a la zona una fuerza de dos batallones al mando del general australiano Iven Mackay. Cuando los australianos fracasaron en su intento de contener a los alemanes y comenzaron su retirada hacia el sur, Peter Fleming decidió que habría sido un suicidio quedarse para formar grupos de resistencia tras las líneas enemigas. Así que la misión Yak, actuando como un grupo especializado en demoliciones, se unió a los hombres de Mackay ayudando a cubrir su retirada desde la frontera macedonia. En la carretera de Florina volaron un puente de gran importancia estratégica, pero si en algo se especializaron fue en en volar trenes, tratando de no dejar atrás nada que pudiese ser utilizado por los invasores alemanes. En Amynteon destruyeron veinte locomotoras.

Con los alemanes avanzando imparables por la costa norte del golfo de Corinto, lo único que podía hacer el general Wilson era tratar de ganar tiempo para organizar la evacuación de sus hombres. Para retrasar la llegada de los alemanes al Peloponeso Wilson encomendó a Fleming bloquear la carretera que unía Naupaktos con Missolonghi, al norte del golfo. Los hombres de la misión Yak habían agotado sus explosivos, por lo que tuvieron que cruzar el istmo de Corinto para ir a un almacén a buscar unas bombas de 200 kilos y regresar con ellas a la costa norte en un caique (una pequeña goleta utilizada en la región para la pesca). Las demoliciones que improvisaron los hombres de Fleming en la carretera consiguieron su objetivo de entorpecer el avance de las tropas alemanas.

El 24 de abril los últimos miembros de la misión militar y de la legación diplomática británica abandonaron Atenas con destino a Creta. El embajador, sir Michael Palairet, y el agregado militar, coronel Jasper Blunt, fueron evacuados en un hidroavión junto al rey de Grecia y el primer ministro. El resto se dirigieron a El Pireo para embarcar en el Kalanthe, un yate de vapor requisado por la armada griega y puesto a disposición de la legación británica. A bordo del Kalanthe, además de varios miembros de la misión militar y unas cuantas personalidades griegas, embarcaron la mujer del coronel Blunt, Doreen, con sus hijos, y el primer secretario de la legación, Harold Caccia, con su mujer, sus hijos, el ama de cría china y sus perros. También embarcaron los hombres de la misión Yak, con las armas y los explosivos que les quedaban, haciéndose cargo de la defensa del barco. Se daba la circunstancia de que Nancy, la esposa de Harold Caccia, era hermana de Oliver Barstow, uno de los hombres de Fleming.

Al anochecer del 24 de abril abandonaron El Pireo. Como la aviación alemana tenía el control absoluto del aire, estaban obligados a navegar solo de noche y ocultarse durante el día. Al amanecer el Khalante fondeó en la bahía de una isla deshabitada del archipiélago de Milos llamada Poliaigos. Los pasajeros desembarcaron en botes y se dispusieron a pasar en la pequeña isla un agradable día de playa. A bordo del Kalanthe permanecieron la tripulación griega y varios de los hombres de la misión Yak, haciendo guardia junto a sus ametralladoras Lewis. Por la tarde tres Stukas alemanes avistaron el yate y picaron contra él. Sin amilanarse por el fuego de las tres ametralladoras (Mark Norman y Oliver Barstow manejaban las situadas a ambos lados del puente y Fleming la de popa, con un ayudante cada uno de ellos) los bombarderos hicieron varias pasadas hasta que una bomba dio de lleno en el barco. La explosión mató a nueve hombres e hirió a otros seis. Uno de los muertos fue Oliver Barstow. Mark Norman fue herido de gravedad y Peter Fleming quedó contusionado. Harold Caccia y Norman Johnstone acudieron con un bote desde la costa para ayudar a evacuar el barco en llamas. Los heridos fueron atendidos en la playa por las mujeres del grupo (una de ellas Nancy Caccia, que acababa de perder a su hermano), que habían participado en una unidad de enfermeras voluntarias.

Tres días después llegó un caique enviado desde Creta para rescatarles. El hombre que fue a buscarles era un agente del servicio secreto británico que se hacía llamar Rodney Bond. Según Harold Caccia, años después Peter Fleming sugirió ese nombre a su hermano pequeño Ian para el protagonista de su primera novela. Peter era el escritor famoso de la familia, e Ian le enviaba los manuscritos para que los revisase. La novela se publicó en 1953 con el título Casino Royale, y su protagonista, un elegante agente secreto al servicio de Su Majestad, se llamó finalmente James Bond (aunque, según el propio Ian Fleming, el origen del nombre del personaje es otro, como nos cuenta Cayetano en La tinaja de Diógenes). Durante la guerra Ian Fleming había sido oficial de la inteligencia naval británica.

El caique les llevó a la isla de Santorini. Allí el grupo embarcó un pequeño carguero que también estaba siendo utilizado para evacuar tropas a Creta. Por la noche el barco partió de Santorini y a la mañana siguiente llegaron al puerto de Iraklion. En Creta terminó la historia de la misión Yak.

Fuentes:
Antony Beevor: La batalla de Creta
http://www.exordio.com/1929-1945/personajes/fleming.html
Foto: http://users.swing.be/sw225214/fleming.html


El meneo

Increíble.

Ayer una entrada de hace año y medio fue portada en Menéame. En un par de horas El asombroso vuelo de Kanichi Kashimura se convirtió con diferencia en la entrada más visitada de la historia del blog, y en un solo día Nonsei SGM tuvo más de 10.000 visitas, cuando la media mensual del año pasado estaría en torno a las 6.000.

Conozco Menéame, y sinceramente no me gusta. Hay gente que se toma muy en serio lo del karma y los votos negativos. Por lo que conozco me parece que no abunda mucho el sentido del humor, o que el que tienen por allí es muy distinto del mío. Una prueba de lo que es Menéame son los comentarios que se hicieron en la entrada de este blog después del meneo: un primer comentario irónico-crítico y una mayoría que comentaron a continuación en respuesta al primero. Que, por cierto, tenía razón. Hice una traducción literal de una expresión que no tenía sentido. Pero también creo que se precipitó al añadir que "así es cómo he descubierto que el artículo es traducido y no original". Pues hombre, qué menos que molestarse en comparar con las fuentes que indico, que para eso están. Pero Menéame es una carrera continua por comentar cuanto antes, así que las precipitaciones son un riesgo que hay que correr.

Esto lo digo con todo el cariño, que no voy a criticar ahora a los que me han visitado y han votado a mi entrada. Que vuelvan cuando quieran. Y que comenten y critiquen. La verdad es que me sorprende las pocas críticas que reciben mis entradas. Yo mismo cuando las releo me doy cuenta de las tonterías que escribo a veces. Por no hablar del estilo.

Aprovecho para felicitar el año, que aún no lo había hecho. Feliz 2012 a todos.